SUCESOS Y COMENTARIOS

Enrique Tejeda Cruz

LA PERCEPCIÓN EN FENÓMENOS NATURALES ES DIFERENTE.

A través de investigaciones realizadas, se ha llegado a encontrar lo que piensan las personas de edad avanzada en torno a los cambios climáticos a partir de sus creencias religiosas, estilos de vida y su interacción social. Las preguntas que guían la investigación son:
¿Cómo se procesan los temores y las inseguridades que provoca la variabilidad climática entre los habitantes? ¿Cómo crean un ambiente de seguridad y una perspectiva hacia el futuro? El análisis detalla cuatro posturas: la evolucionista, la nostálgica, la conservadora y la resiliente, de donde se desprenden decisiones, acciones y formas de construir, narrar y darle significado a la relación del hombre con su entorno.

La variabilidad climática, según algunos especialistas se ha convertido en un problema no solo de índole académica, sino también de interés público, y es que los eventos climáticos son cada día más frecuentes y peligrosos al poner a un número cada vez mayor de seres vivos en riesgo de sufrir algún daño.

Fue en 1980 cuando los que estudian el clima y el medio ambiente determinaron las características de las sociedades y los entornos naturales que las hacen especialmente vulnerables o con capacidad de resiliencia a la variabilidad climática.

En este contexto, los nortes o huracanes, granizadas, heladas, sequías, inundaciones provocadas por lluvias abundantes y atípicas constituyeron un recuento de eventos naturales que para los académicos eran parte de la naturaleza, mientras que para la mayoría de los habitantes vulnerados si bien los consideraban relacionados con la naturaleza, más lo asociaban con la divinidad.

Con el avance del conocimiento científico, la secularización y el racionalismo, las explicaciones sobre los eventos climáticos como castigos divinos fueron perdiendo fuerza en el mundo académico, pero no así en los habitantes de las localidades, donde permanecen percepciones religiosas y de fe. «El cuidado de la creación» (básicamente la tierra, el agua, y el aire) como un deber que el creyente tiene como encargado de su entorno y con el creador.

En este contexto, se dieron por un lado esfuerzos por desvincular lo religioso de las explicaciones científicas, y por otro se mostró un interés permanente en la asociación que los habitantes (quienes sufrían los daños principalmente) hacían peticiones de protección y misericordia al creador para evitar que ocurrieran estos sucesos climáticos.

Trabajos etnográficos realizados con el objetivo observar y registra las prácticas culturales y los comportamientos sociales, decisiones y acciones de los diferentes grupos humanos, han destacado acciones como peregrinaciones, rituales, oraciones y peticiones que los habitantes dedican a diversas divinidades para proteger sus cosechas, sus casas, por la eficiencia de su actividad laboral, que no afecte su salud, su economía, en diferentes contextos geográficos, ya sea como campesinos, pescadores, comerciantes o trabajadores en general en las grandes ciudades.

En el trabajo de la interrelación entre lo natural, lo social y lo religioso, parto en donde el hombre es el protagonista que domina la naturaleza y la destruye. El que se apropia de su espacio y en un delicado equilibrio de factores materiales y sociales retroalimenta sus creencias, tradiciones, aspiraciones, necesidades, valores, genera sus ideas, opiniones y estrategias sobre la variabilidad climática; yendo de lo catastrófico y apocalíptico hasta una indiferencia total; o bien, desde una actitud emprendedora y de toma de conciencia, que busca mitigar y adaptarse a los cambios, hasta la de quienes se muestran escépticos sobre los datos ofrecidos y las predicciones de siniestros.

Se sostiene que la participación en acciones de prevención y conservación del entorno se da mediante la capacidad agencial que liga lo social con lo natural y religioso. Esta capacidad agencial se construye y se define como la capacidad que tiene el creyente de procesar la experiencia de su vida individual y colectiva para diseñar maneras de lidiar con la vida, aun bajo las formas más extremas.

Siguiendo al ecologista Douglas Tompkins (1986) quien señaló que cada sociedad está dispuesta a aceptar o evitar ciertos riesgos a partir de su adhesión a una determinada forma de sociedad. Lo que conlleva a ver a los habitantes del área los eventos climáticos que el lugar presenta y que, pese a esa situación en la que viven, están dispuestos a permanecer y enfrentar los riesgos de manera colectiva con sus propios medios y estrategias, creencias religiosas y demás formas culturales desarrolladas.

Por lo anterior suscrito, se sostiene como hipótesis que la percepción y la comprensión de los sucesos climáticos se va elaborando en la interacción tanto con el entorno como entre las personas involucradas y con otras personas; luego entonces, la percepción se configura no solo por las experiencias físicas con el entorno, sino también con las creencias que como individuos han heredado de sus ancestros y por la experiencia que cada quien tiene en la participación directa con la naturaleza y la lucha contra todo aquello que la contamina y destruye.

¿Cómo la ve? interesante investigación que nos deja gran aprendizaje y la lectura de lo arraigado que existen las creencias que como personas hemos heredado y que será difícil, muy difícil erradicar o desvincular lo religioso de las explicaciones científicas.
Fuentes de consulta: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México