De filosofía y cosas peores

 

                                                   Michael Torresini

Así que por fin acabó el día de la mujer con todas sus secuelas y estupideces, como que la cuarta trasformación se preocupa más de los monumentos que de las mujeres, y la última, que sólo salió ayer, de la Vásquez Mota criticando a los dos ex presidentes panistas que, pese a ser sus correligionarios, hicieron todo lo posible para que no ganara por el delito de ser mujer, vaya el machismo mexicano… Un machismo que es realmente un rasgo inaceptable en cualquier sociedad civil, y que lamentablemente persiste en todo Latinoamérica, un rasgo típico de los latinos, atenuado, como todo, por la cultura. El país más culto de la región es Cuba; al respecto, un día quise apostar que una cubana, una joven e inteligente galena, no iba a entender uno de los chistes más común en este país. La verdad no me gusta para nada este, digamos, chispazo, pero a esta altura tengo que contarlo: María, tráeme una naranja ¿te la pelo? ¡no, después, después! La cubana, como cualquier persona lógica, no entendía cómo alguien pudiese comer una naranja antes, y pelarla después…

Lo mismo, y a fortiori, vale por los países latinos de la culta Europa, donde sigue el machismo, pero de forma más leve por ser controlado y minimizado por la cultura. Personalmente, yo tuve que aprender la lección forzosa y urgentemente cuando me establecí en Canadá, donde no hay tal, donde, como en todo el anglosajón, una mujer tiene absolutamente todos los derechos del hombre, aunque, claro está, todos los deberes también. Cuando dejé de enseñar filosofía y me puse a estudiar quiropráctica, mi esposa trabajaba mientras que yo atendía el quehacer doméstico, particularmente en cocina. Perfecta intercambiabilidad libre de cualquier prejuicio y costumbre.

Pero lo más interesante que puede decir un filósofo al respecto, aquí y ahora, es que las autóctonas gastan la mayoría de su tiempo lavando ropa. Estamos hablando de una cantidad enorme de tiempo que yo nunca me pude explicar: ¿Cómo es posible que la lavadora de mis vecinos, una familia de dos adultos y un niño, esté en función cada día? No lo sé. Un dogma mexicano ininteligible para mí. Lo que sí puedo decir al respecto es que en lugar de decir tantas cosas acerca de sus condiciones en la sociedad mexicana, las mujeres deberían ANTES TODO rebelarse desde esta costumbre que simplemente le quita…la vida, puesto que está hecha de tiempo y que ella lo derrocha lavando por…costumbre, la gran traba de la libertad.

Pero quizá más aún que en el supercivilizado mundo anglosajón, el machismo es inexistente en filosofía. Al respecto yo digo a cada ocasión que todo sale desde los grandes filósofos griegos, particularmente desde Aristóteles; pero aquí tengo que hacer una excepción, tengo que aclarar que el machismo-y el feminismo por consecuencia son eliminados a cabalidad en el Existencialismo que simplemente habla del hombre sin distingo en absoluto entre los dos sexos. El existencialismo es una reacción al excesivo idealismo de Hegel, y cualquier exceso causa el opuesto de lo excedido. El opuesto de idealismo es materialismo, y el existencialismo es una forma de materialismo solamente en tanto que antepone la existencia a la esencia. Dicho de otra manera, deja a lado los demás temas de la filosofía para concentrarse en el hombre que existe sobre los demás animales, que prevalece sobre ellos por su libertad. Yo siendo un buen ejemplo: en lugar de trabajar y hacer dinero, me contenté con lo que tenía que usé para conocer este único planeta a mi alcance en esta única vida mía. Y el existencialismo jugó un rol importante en esto ya que plantea el hombre como ser internacional. Heidegger plantea el hombre como un ser arrojado en el mundo-de allí a su más importante acuñación, el Dasein, el Ser-allí. Pero lamentablemente, el Ser-ahí se angustia ante sí mismo y por sí mismo como ser en el mundo. La angustia hace patente la nada. Estamos ‘suspensos’ en angustia. Más claro, la angustia nos deja suspensos, porque hace que se nos escape el ente en su conjunto. Por esto sucede que nosotros mismos –esos hombres que somos- estando en medio del ente nos escapemos de nosotros mismos. Por eso en realidad no somos “yo” ni “tú” los desazonados, sino “uno”. Sólo está todavía ahí el puro Ser-ahí en la conmoción de este estar suspenso, en que no hay nada donde agarrarse. Ser-ahí significa estar sosteniéndose dentro de la nada. Sosteniéndose dentro de la nada, el Ser-ahí está siempre allende el ente en su conjunto. A este estar allende el ente es a lo que nosotros llamamos trascendencia. Y esta trascendencia elimina desde el comienzo cualquier fragmentación entre los sexos, así como entre los diferentes lugares del planeta.