De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

En Estados Unidos, la empresa que fabrica el desinfectante Lysol advirtió el viernes pasado que sus productos no están hechos para ingerirse al tratar de combatir el nuevo coronavirus, horas después de que el presidente Donald Trump expresara esa posibilidad durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Adicionalmente, Protección Ambiental insistió que sólo se deben usar los desinfectantes sobre las superficies. “Jamás aplique el producto a sí mismo ni a otros. No ingiera productos desinfectantes”, remarcó la agencia. ¿¡Ya ven porque se usa tanto la expresión “gringos pendejos”?! Fíjese que el Centro de Control de Envenenamientos de Nueva York recibió una treintena de llamadas relacionadas con la exposición a cloro, el desinfectante Lysol y otros productos de limpieza poco después de las declaraciones del presidente de Estados Unidos: un presidente bruto para un pueblo de…pares.
William Bryan, del Departamento de Seguridad Nacional, dijo que “resultados emergentes” de nuevas investigaciones indican que la luz solar es un factor potente para matar el virus en las superficies y el aire. E yo ya lo sabía, desde que este Covid pegó durísimo en mi fría y norteña ciudad natal, Milán, y mucho menos en el soleado sur-de Nápoles para abajo.
De hecho, cada mañana-MI mañana, desde las once a mediodía, yo me meto al sol en pants y descalzo, y así me quedo unos minutos para curar el insomnio: la luz solar entra desde arriba y se descarga al suelo-positivo y negativo; es como si reseteara mi sistema nervioso. Los niños duermen siempre porque producen muchísima melatonina. E yo, que disto mucho de ser niño, uso la luz solar que activa la producción de serotonina-que luego se transforma en melatonina.
La filosofía es el conocimiento de los conceptos, y el concepto general aquí es muy claro: HAY QUE RESPECTAR Y AYUDAR NUESTRA MAGNIFICA NATURALEZA. Si ingiero una tableta de Dormiben de 5 mgs, o dos de 3, es decir de melatonina sintética, no me ayuda para nada-y estar diez minutos al sol sí. Y ahora resulta que también mata el COVID, el sol, la fuente de cualquier forma de vida en este planeta. No quejémonos pues para el calorcito, sino seamos felices de vivir en la “Novia del Sol”. Un vecino, viéndome en esta insólita postura-bien erguido, manos en la cintura-y en pelotas salvo lo “mínimo necesario”, con el sol a lo zénit y acercándonos a los 40 grados, me preguntó si no tenía miedo del cáncer de piel. Si vivo otros 20 años, sería un gran éxito, le rematé, pues tanto demora el desarrollo de este cáncer.
A principios del siglo XX San Pedro Garza García era una comunidad que se dedicaba a la siembra de maíz, frijol y tomate; sin embargo, hoy en día es considerado como el municipio con mayor riqueza de México. Ubicada en una zona boscosa a 12 kilómetros al poniente de la ciudad de Monterrey, tiene limpias y modernas avenidas, grandes residencias, centros comerciales de lujo, amplias zonas verdes, así como colegios y hospitales con destacado prestigio.
También es sede de corporativas transnacionales como Vitro, Alfa, Cemex, Femsa y hogar de los importantes directivos de las firmas. Incluso, dentro del municipio se encuentra el rascacielos más alto del país: la Torre KOI, una obra de 280 metros de altura y 67 pisos, que cuenta con oficinas, departamentos y un hotel. Pero también cuenta con atractivos naturales como la Reserva Ecológica Chipinque, del Parque Nacional Cumbres Monterrey. Más de 1,700 hectáreas, donde se puede encontrar asombrosas montañas, cascadas y ríos con agua cristalina; un lugar ideal para realizar recorridos a pie o en bicicleta. Esta localidad con poco más de 126,000 registró en 2018 un ingreso per cápita de USD 60 mil anuales, según la calificadora Fitch Ratings, frente a los USD 9,673 que tenía México en su conjunto.
Esto lo bajé desde las noticias; os podría parecer redundante, pero no lo es ya que lo voy a usar como preámbulo, como premisa de lo que sigue, de lo mío: Alemania, que era golpeada más o menos como los demás países europeos, ya está saliendo adelante. ¿Por qué? Porque es la nación con más disciplina de todas-hasta a poderse decir que los alemanes son el arquetipo de la disciplina. Ahora, pedir a un mexicano de imitar los germanos es algo utópico, es un espejismo-y por esto mencioné el lugar del País más disciplinado, donde todos usan cubrebocas y donde los polis municipales tienen la facultad de prohibir el ingreso a visitantes, verificar su estado de salud y tomar temperaturas-unos policías muy preparados obviamente-una prerrogativa exclusiva del primer mundo-y que varía considerablemente también entres los países primermundistas-desde el Nadir de España hasta el Zénit de Escandinavia-y pasando por situaciones entremedias, como la de Alemania e Inglaterra. No menciono mi país natal, Italia, porque es multifacético-en el sur, es parecido a España, y en el norte a Francia o Alemania. Y como siempre, la historia docet-enseña: Los españoles jodieron el sur de Italia, así como jodieron a Latinoamérica…
Nietzsche repetía seguido que sí historia docet, pero los hombres no han aprendido a aprender de la historia, y la causa principal de esta lamentable falla es que no saben enseñarla, no respetan el orden cronológico donde cada acaecimiento es explicado por lo que antecede. No es necesario dedicar mucho esfuerzo, no es necesario pormenorizar, sino racionalizar. ¿Por qué olvidamos un hecho histórico, pero nunca los números? Por lo que estoy advocando. Voy a ejemplificarlo con mi historia-y al mismo tiempo voy a aclarar porque soy “el quiropráctico canadiense”: Nací en Milán, donde me doctoré en filosofía y letras; viajé en toda Europa, un poco en Asia y África, y acabé enseñando filosofía en la universidad de la Alberta, en el oeste de Canadá; no me gustó enseñarla en el “oeste salvaje”, por un lado, y por el otro me impresionó mucho la quiropráctica que en la culta Europa de los 80s ni se conocía mientras que en Canadá ya era parte del seguro social. Y así me volví quiropráctico, adquirí la nacionalidad canadiense y perdí la italiana.

 

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