De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Se dice que los filósofos son sabios y que por ende hay que tratar de imitarlos. No lo digo yo, simplemente se dice así, es un hecho comprobado por cinco mil años de nuestra historia sensu lato-y dos mil quinientos sensu stricto; en sentido muy general desde los sumerios y en sentido mucho más estricto desde los griegos. Por medio de este preámbulo valido lo que sigue.

Hay una diferencia substancial en mi manera de lavarme desde seis meses: antes lo hacía obedeciendo a la estética-ya sea visual que olfativa; ahora en cambio antepongo el aspecto séptico, es decir la salud. Antes todo salgo una media de tres o cuatro veces a la semana, y la primerita cosa que hago regresando, es ir directo al medio baño que hay abajo cerquita de la entrada donde me enjabono abundantemente las manos-con las cuales saco las gafas de sol de graduación y muy encorvadas-de allí al hecho que no uso seguido la careta, o sólo cuando entro en Aurrerá; pese a la escrupulosa limpieza de manos y uñas, saco el cubrebocas (siempre un K-N 95) por las lijas laterales y lo coloco sobre el mostrador de la cocina que es de formica y que limpio a diario con cloro. Pongo ya sea las gafas que el cubreboca expuestos hacia a mi mano que los rocía abundantemente con alcohol: En Veana compré un rociador grande (chéquelo antes de llevárselo porque muchos no sirven) y en una farmacia el envase más grande de alcohol-medio litro que te costará cincuenta varo-y con el cual yo lleno el atomizador un par de veces.

Puse en función esta idea hace como cuatro meses y todavía tengo un poco. Es decir que el costo es virtualmente nulo, y lo menciono en el contexto de lo que siempre repito, que cualquier cosa se hace o no se hace según una balanza entre los pros y los contras. De paso, me gustaría acordaros lo que decía Aristóteles, (que Dante define muy atinadamente “el maestro de los que saben”): que la codicia es incurable y la avaricia es su más grande corolario-y lo que decía no me acuerdo quien, que al pobre le faltan muchas cosas-y al avaro le faltan todas. Y si quieren saber más del tema, lean a Moliere.

Ahora, en el contexto de otra cosa que repito seguido, que el hombre antes pensó a una mesa, y luego la hizo, es decir que sin la idea de la mesa no tendríamos mesas, aclaro que esta idea de usar el alcohol como protección extra me la dio el mejor gel que compré en Chedraui hace como cinco meses donde se dice que debe contener por lo menos 70% de alcohol. Mi inferencia podría ser falaz debido a mi ignorancia en materia, es decir no sé si a lo mejor el gel contiene otra substancia más poderosa que el alcohol, o lo complementan imprescindiblemente con otras, desconozco estos datos, pero hice la primaria y sé leer-y lo primero que se lee en el frasco de gel es que es antibacteriano. Sé esto, y sé que el coronavirus es…un virus pues, y no una bacteria-y así me satisfago con esto.

Al comienzo salió que el ajo podría prevenir el coronavirus, y pronto que no se pudo comprobarlo. Pero en casos análogos ¡Y hay muchísimos!, la Razón es la suprema corte, va por arriba de la biología o cualquier otro conocimiento empírico, es decir cualquier conocimiento que necesita de la experiencia para existir, pues la Razón no la necesita para nada; la Razón sólo necesita se si misma que, en caso de su aplicación en la esfera humana, equivale a la inteligencia pura. Spinoza, en su Ética, uno de los últimos clásicos escrito en latín, no dice yo sé esto u otro, dice “inteligo”, presente indicativo del verbo latín “inteligere. Humildad e inteligencia juntas: si yo sé algo es porque lo entiendo, puesto que para empezar yo no sé nada. Ya lo he dicho, por esto los filósofos cribamos los científicos, porque la ciencia siempre parte desde supuestos, mientras que la filosofía parte desde la nada. Además, hay que consideran el concepto susodicho: ¿Cuánto cuestan dos dientes de ajo al día? Quizá no ayude con el coronavirus, pero sí lo hace con la gripe-de la cual tenemos que protegernos más que nunca ahora…

Otra diferencia entre el antes y el ahora: antes tenía prisa de salir desde Chedraui o Aurrerá porque los pacientes me estaban esperando, ahora tengo prisa porque no veo la hora de salir de allí. Pero ya voy a ser mucho más práctico, precisamente hablando de pacientes: No doy consulta a nadie en absoluto; de hecho, la cosa me ha causado un poco de dificultad, más que todos con unos amigos que no cobraba; pero lo que puedo hacer, y haré con mucho gusto, es dar consulta por WhatsApp. Así de simple: ME MANDEN UN MENSAJITO AL 274 101 9633 Y LES BRINDARÉ UNA CONSULTA TOTALMENTE GRATUITA. De hecho, yo nunca cobro por la consulta en sí misma, cobro por curar, por hechos, no por palabras, pero permítanme dos palabras de preámbulo para que me entiendan más claramente: un doctor en quiropráctica canadiense estudia dos cientos horas más de un médico, pero porque hacemos mucha práctica y de hecho no tenemos una preparación en farmacopea tan completa como la de los médicos: no sé darles medicinas para el hígado o corazón, pero conozco las medicinas para los problemas de columna y sus derivados muy bien. Así que me describan sus síntomas y yo les aconsejaré que tomar y les daré ejercicios que vos mismos podéis hacer.

Y de paso, permítanme agregar que no conozco las medicinas para curar los demás órganos, pero sí conozco los remedios: ¡Fruta y verdura! O digamos que imito al pie de la letra al primer gran médico-filósofo, Hipócrates, cuando decía que la comida sea tu medicina. Solamente antier se pasó algo de muy insólito para mí, no pude ir al baño. Así que ayer compré como un kilo de zanahoria, que me comí al vapor con aceite de oliva, que da sabor a cualquier verdura-y esta mañana obtuve un resultado muy agradable: no sólo solucioné mi problema, sino llené mi sistema de carotenoides saludables y antioxidantes.