De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Ayer y antier fueron días hábiles para el estado mexicano; pero en la fe católica, el Jueves Santo representa una ocasión de reflexión durante la Semana Santa. Según la Biblia este día Jesús de Nazaret cenó con sus doce apóstoles para despedirse de ellos en lo que fue la Última Cena. En esa noche anunció que uno de ellos lo traicionaría y llevó a cabo la instauración de la Eucaristía. También se realizó el lavado de pies, se dio a conocer la negación de Judas y la negación de Pedro. Al terminar la Última Cena, Jesús se dirigió al Monte de los Olivos para pedir por su padre-o esta es la versión oficial. A lado, estoy leyendo la versión de José Saramago titulada “El evangelio según Jesús Cristo”, que cuando salió levantó muchas críticas. Del único premio Nobel de literatura portugués, había leído novelas muy placenteras, con un sentido de humor todo suyo y algo surealístico: Ensayo sobre la ceguera, las intermitencias de la muerte y el viaje del elefante, se leen fácil y rápidamente, pues son muy divertidos, el último en especial. Esto en cambio es quizá el libro más aburrido haya yo leído a lo largo de mi larga vida. Aquí no hay fantasía, no hay surrealismo o realismo mágico: todo el tomo de unas cuatrocientos páginas relata la historia desde el punto de vista del autor-desde la concepción que acaece por factores naturales que Saramago narra con mucho pudor y tino…
Y “la última cena” es también el nombre del fresco más importante del mundo-así como “La Gioconda” detiene el primado entre los cuadros. La vi en 1975. Uno entra en el museo más grande del mundo, el Louvre, y pasa por enormes salones con enormes cuadros del renacimiento y barocos a oleos, de más de tres metros de ancho. Pero estos enormes, pomposos salones Rococó, son semi vacíos, pues todos están más adelante, ante un cuadrito de sesenta centímetros, o más bien alrededor del cordón que lo protege de pared a pared, 180 grados-tú la mira en los ojos a un lado, y sigue mirándola mientras que te desplazas a lo largo del cordón-y ella sigue mirándote. Muchos habrán escuchado o leído “El código da Vinci”; la mayoría de lo que se relata es fruto de la fértil fantasía de Dan Brown, pero sí hay de veras algo como…mágico acerca de Leonardo da Vinci, se ve claramente como se burla de la posteridad-y se mete en todo campo del conocimiento-desde la anatomía humana a las máquinas para volar. Un verdadero polímata, de hecho, el mejor, el más importante después de Aristóteles, que lo precede de casi dos milenios, y que no pintaba ni diseñaba máquinas para volar, sino “sólo” sentó la base para toda nuestra cultura. Aristóteles es el genio de la pura mente y sólo usa palabras para expresarse, mientras que Leonardo usa también las manos. Quizá los que más me fascinan sean sus diseños, como lo de un joven que grita: me parece casi de poderlo escuchar-y esto que escucho mal… (A la máquina, al sistema, a la inteligencia artificial, vaya a este pinche laptop, no gusta que yo escriba “Un verdadero polímata”, y me lo corrige en UN VERDADERA POLIMATA. ¿POR QUÉ? ¡Pues, por bruto, digo yo! Obviamente os aburro con este detalle porque es una prueba contundente que la inteligencia artificial nunca alcanzará la humana. La memoria es años luz arriba de la humana, pero la inteligencia no. Esta palabra es la misma en todos los idiomas neolatinos y es una prerrogativa única del hombre, la medida de todas las cosas…
Por su parte, el Viernes Santo fue el día del juicio, la condena, el viacrucis, la crucifixión y la muerte de Jesús. Según los evangelios, Jesús cargó su cruz hasta el monte Calvario, fue auxiliado por Simón de Cirene en el trayecto y finalmente fue clavado en la cruz. Así que, por una vez, olvídense de las costumbres, que son la gran traba de la libertad y de la razón humana-y ¡HAGAN PASCUA! Comulguen con Cristo en su resurrección-y se feliciten. Con la conjuntura que estamos viviendo, es lo más inteligente que se pueda hacer.
Piensen que el impacto de la pandemia por Covid-19 es ocho veces mayor de lo que se ha reportado en México. Es decir, que por cada caso positivo documentado existen ocho personas de las que no se tiene registro, porque no acudió a consulta, que no le fue detectada la enfermedad o falleció antes llegar a un nosocomio. La estimación de casos en el país es de 26,519, cifra que obtuvo la Secretaría de Salud bajo la aplicación del Modelo de Vigilancia Centinela, que fue desarrollado por los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos, la Organización Panamericana de Salud y la Organización Mundial de la Salud en el 2005.
Nos dicen que estamos entrando en la etapa 3-y que las dos semanas siguientes serán las más críticas antes que la enfermedad empiece a bajar. Miremos los números que no mienten: desde el jueves 2 de abril al pasado, en una semana, el país pasó de tener mil 510 casos de coronavirus y 50 defunciones, a 3 mil 441 contagios y 194 muertes; lo que implica un aumento de mil 931 infecciones y 144 muertes. Esto es el momento más importante para extremar todas las precauciones. Y en caso de sospecharse algo, acudir de una vez a los centros habilitados. Fíjense que nuestro buen presidente acaba de perle 10,000 respiradores o ventiladores-y como ejemplo de la validez de lo que estoy aconsejando creo que venga al caso el primer ministro inglés, Boris Johnson que, desde su domicilio, en la famosa Dowing Street, fue internado durante dos días y ya pudo regresar a su casa.

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