De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Enfervorizado por la disminución de nuevos casos, desde cuatro semanas a la última, dije algo de bastante obvio, casi redundante, que por mal que vayamos, si mejoramos llegaremos a estar bien. Muy, muy lamentablemente esta racha acabó: Habíamos pasado desde diez mil nuevos contagios a tres mil y pico, y ahora estamos otra vez a cinco y hasta seis mil. Así que voy a dejar a lado esto tema para entender mejor toda la vaina en su conjunto científicamente.

Conforme pasan las semanas, cada vez más estudios inmunológicos confirman que los anticuerpos solo son una parte de todos los métodos que tiene nuestro sistema inmune para combatir el coronavirus. Así que voy a hacer un pequeño repaso de todos los mecanismos de respuesta y de cómo los científicos están tratando de intervenir en todos los niveles para conseguir una mejor forma de enfrentarnos al virus.

El sistema inmunitario se divide en dos grandes sistemas de defensa: el primero es un sistema inmunitario innato y se trata de mecanismos que son capaces de responder muy rápidamente a las amenazas, pero son bastante torpes e inespecíficos. Quizás las primeras proteínas en la respuesta inmunitaria son los interferones. Se trata de un conjunto de proteínas que producen las células cuando son infectadas por un patógeno y su función fundamental es activar los mecanismos defensivos del sistema inmunitario. Además de eso, estas proteínas tienen la capacidad de interferir en la replicación de los virus. Hay investigadores trabajando en elaborar tratamientos contra el coronavirus basados en alguna de las grandes familias de interferones. No es algo nuevo, ya se han utilizado con éxito de algunas enfermedades como la esclerosis múltiple o varias hepatitis. Y, de hecho, había precedentes en su utilización para el SARS-CoV-1 de 2003. Es interesante porque, por lo que sabemos, una de las estrategias que usa el virus actual para propagarse es precisamente bloquear la producción de interferones.

Los interferones también activan los sistemas de complemento. Son un conjunto de unas 30 proteínas que se denominan de esa manera porque complementan la capacidad de los anticuerpos específicos para atacar a los patógenos. Y se trata de un sistema porque no son ‘agentes libres’, sino que interaccionan entre sí de forma que regulan toda una cascada enzimática que facilita la eliminación de las amenazas y generan la respuesta inflamatoria. La mayoría de estas proteínas se sintetizan en el hígado y tienen funciones clave en la eliminación, fagocitación y destrucción de todo tipo de patógenos. En términos generales, se suelen denominar ‘fagocitos’ a las células del sistema inmunitario que tienen capacidad fagocítica. Es decir, que pueden captar microorganismos y toda clase de partículas e introducirlos en su interior para eliminarlos con encimas y ácidos. Los más conocidos son los macrófagos, aunque hay un montón de fagocitos ‘profesionales’ que incluyen, por ejemplo, a los neutrófilos, los monocitos, los mastocitos y las células dendríticas.

Durante los procesos infecciosos, los fagocitos que se encuentran en la sangre son atraídos a las zonas conflictivas por las proteínas y las señales químicas de otros fagocitos. A este proceso se les denomina quimiotaxis. Por lo demás, y más allá de su trabajo de “gestión de residuos” celular, algunos de ellos juegan un papel en la denominada “presentación del antígeno”.

‘NK’ son las siglas en inglés de “natural killers”, o asesinas naturales. Si los fagocitos son los ‘basureros’ del sistema inmunitario innato, las células asesinas son los ‘solucionadores’. Su función es patrullar el cuerpo, detectar células infectadas (o cancerosas) y destruirlas. De allí a lo que he repetido frecuentemente, que todo tenemos cáncer, y que la salud no es la ausencia de factores patogénicos, sino la prevalencia de nuestra defensa sobre de ellos. Normalmente, estas células liberan moléculas que destruyen las membranas celulares y, con ellas, las células mismas.

El segundo grupo sería el sistema inmunitario adaptativo (o de inmunidad adquirida) que, aunque es más lento, responde de forma muy selectiva y eficaz. Este seguramente sea el mecanismo más importante que tenemos para defendernos de los distintos patógenos. Estos son los famosos anticuerpos de los que tanto hemos oído hablar. Es decir, un conjunto de macromoléculas que se diseñan específicamente para combatir la infección. En este tipo de inmunidad las células fundamentales son los linfocitos B. Estas células son fábricas de anticuerpos y proteínas que se dedican a reconocer agentes extraños.

En general, la primera vez que nos exponemos a un patógeno, los linfocitos B tardan unos siete días en iniciar la respuesta inmune. Más tarde, cuando el patógeno vuelve a entrar en el organismo, los anticuerpos y los linfocitos B de memoria están preparados-y la respuesta es más rápida. Usualmente, la presencia de anticuerpos es lo que nos dice si hemos pasado o no una infección. También en el caso del coronavirus y por ello los ‘tests de anticuerpos’ se usan muy a menudo. No obstante, el cuerpo recibe cientos de miles de patógenos cada año y el sistema inmune tiene mecanismos para analizar qué infecciones requieren una mayor presencia de anticuerpos. Este último es el caso del coronavirus: en muchos casos los anticuerpos desaparecen de la sangre de los infectados. Eso no quiere decir que se pierda la inmunidad. No sólo porque los linfocitos B de memoria están alerta, sino porque existen otros mecanismos de defensa. Sea como sea, aún es pronto para saber el impacto real de esta reducción de los anticuerpos en la gestión de la pandemia (y en la efectividad de la vacuna). Sin embargo, el hecho de que no hayamos encontrado aún un solo caso de reinfección nos hace ser optimistas. Aquí no estamos hablando de la típica situación de un área del globo que había superado la crisis y que luego se volvió a empeorar debido a la relajación de las medidas, estamos hablando de un individuo que, SIN CAUSAS EXTERNAS, se haya vuelto a infectar.

El gobierno de Rusia enviará a México 2 mil dosis de vacunas Sputnik V contra Covid-19, para que aplicarlas en fase 3 de prueba. El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, aseguró que se espera la llegada de estas dosis para septiembre próximo-lo que me parece como una muy buena noticia ya que, como dije el jueves, una científica de Israel aclaró que los rusos partieron desde una infección en humanos y no en chimpancés, como los de Astra Zeneca. Y os acuerdo que Israel es amigo de Estados Unidos, y no de Rusia-que por lo regular defiende los árabes.