De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

El gobierno de México informó que entrará en contacto con Rusia luego de que el viernes pasado, ese país puso a disposición de Latinoamérica el fármaco Avifavir, mismo que ha probado su efectividad hasta en un 90 por ciento en el tratamiento contra el Covid-19. El presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que recibió con gusto el anuncio del gobierno ruso, con el cual por cierto México lleva una muy buena relación y tratándose de la salud de los mexicanos, el país está abierto a explorar todas las posibilidades. Ya lo dicho: el comunismo es utópico por los rasgos más bajo de la naturaleza humana. Pero se puede beneficiar de los aspectos positivos: lo antedicho me da mucho gusto dos veces-inclusive por la prioridad que Rusia otorga a la pobre América latina. En este contexto, comunismo, socialismo y populismo son sinónimos de ética. Y más que todo, esperemos que no salga otra nación a decir que no sirve, como se ha pasado en cada caso previo.

En Alemania, la primera potencia de Europa, Europa no se dice Europa, sino Oiropa-así como el papá del psicoanálisis no se le llama Freud, sino Froid. El Dr. Freud de la Viena de sus años de oro, de cuando era la ciudad más bella del mundo, nos enseña que el Ego es sólo una pequeña parte de nuestra personalidad, la más grande siendo el ID o inconsciente, que él define como un enorme almacén donde toda nuestra vida está almacenada desde el día uno, de hecho desde antes: uno de sus casos más famosos fue lo de un tipo que padecía de claustrofobia porque cuando lo sacaron lo dejaron demasiado en el agua y no podía respirar. Es una larga historia, pero esta es la conclusión. La curación fue muy laboriosa y se obtuvo por medio de la hipnosis. El término entró en el léxico por error cuando Mesmer la practicaba con animales que se pensaba fuesen dormidos. Hipnos significa sueño; nada a que ver con la hipnosis que es una situación donde el sujeto permite al hipnotizador traspasar su “censor crítico” o superego, y comunicar directamente con su ID que todo lo sabe. Este fue el caso más difícil a saber, ya que el paciente, bajo hipnosis debió revivir día tras día toda su vida hasta a legar al momento del nacimiento cuando por fin el sujeto reveló la gran angustia que motivaba su psicosis. Sugestiones de efecto contrario-siempre bajo hipnosis y consecuentemente directas a su inconsciente, finalmente acabaron con la grave claustrofobia.

Antier creo, o fue en la nota antecedente, aclaré que el arte es la habilidad de retraer los rasgos más recónditos de la naturaleza humana con todas sus arcanas intimidades. El mejor ejemplo “live”, o por lo menos uno de los primeros en la pantalla gigante, fue Psycho de Hitchcock que vi cuando salió hace sesenta años con mis padres. Lo que más me acordaba de la película fue la reacción de mi madre que estaba estática frente a la actuación de Antony Perkins. Estática porque tenía el utillaje para serlo, la cultura y la consecuente sensibilidad estética hacia cualquier expresión artística. En Italia, la generación de mi madre fue la primera a estudiar; me acuerdo de cómo me hacía reír mi mamá imitando a la suya que era bastante bruta. Recitando el credo católico, en lugar de decir que Cristo padeció bajo Pontius Pilate, decía que padeció bajo el puente y Pilate fue crucifijo—

Y las primeras mujeres cultas, obviamente no estudiaban ingeniería o contaduría siquiera. Estudiaban letras, hasta el punto que había un arquetipo muy común de la profesora de letra que era absolutamente incapaz de entender cualquier otra cosa por tan dedicada que era al griego, al latín y a las bellas letras en general. Y el otro lado de la moneda era precisamente esto-su magnificencia a enseñar letras-con todas sus multifacéticas facetas. De allí a mis sueños poblados por los héroes de la Ilíada que mi madre me leía cuando era un párvulo de cuatros años. De allí al entusiasmo que ella tuvo para la actuación de Perkins que mi padre, también catedrático, pero de materias científica, no compartía totalmente. Por arriba de esto, me acuerdo la trama general, pero como a través de una neblina, la neblina del tiempo. La única excepción fueron los últimos segundos de la película-que me acuerdo como si lo hubiese visto ayer-la sonrisa de Perkins: Una obra maestra en sí misma esta sonrisa, como el mundo que estaba triste desde el martes de García Márquez, o como los gallinazos que removieron el aire estancado del interior con sus aletazos…Yo coincido con Freud en mucha cosas, como el complejo de Edipo, según el cual el hijo es enamorado de la madre y ve el padre como un rival-concepto magistralmente expresado por esta película. Inclusive coincido con el vienés en cuanto a la razón de la gran atracción que los hombres sienten para las tetonas, que Freud adscribe a la falta de amor materno-y que yo no comparto ya que tuve una buena madre…

Con los enormes avances de la tecnología de la comunicación que nos informa inmediatamente de todo lo que se pasa en la tierra, y afuera de ella, ya no tenemos espacio mental para dedicar a lo que se pasa adentro de nosotros. Antes tenía dinero y satisfacciones: cuando me pagaban yo decía gracias y ellos me remataban enfáticamente, gracias a usted. Ahora no gano un centavo y están enojados porque me rehúso a atenderlos. He perdido pacientes, pero he encontrado a mi mismo con una vigorosa sacudida desde el pragmatismo imperante y una introspección profunda de mis entrañas-y la conclusión es que ya no padezco de insomnio ni de estrés de ninguna clase. ¿Estrés, de qué? Cada mañana me levanto cuando se me antoja y hago sólo lo que me da gana hacer. Lo único que tengo que hacer es abastecer mi refri un par de veces a la semana. Cero estrés.