De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

 

“Macondo era una pequeña aldea…el mundo era tan reciente que la mayoría de las cosas carecían de nombre, y para mencionarla había que indicarla con el dedo.” García Márquez dice, sin decirlo, al comienzo de su Cien años de soledad, lo que yo, que no poseo su arte, necesito decir claramente y con más palabras: El hombre antes pensó a una mesa, luego la hizo, y luego la llamó mesa. Esta orden es absolutamente ubicua, vaya omnipresente, e irreversible: sin la idea de la mesa, no tendríamos mesas, y sin las mesas, no tendríamos el nombre mesa.

El Existencialismo que estudié, sale desde el verbo latín existere que significa prevalecer: El hombre prevalece sobre los demás animales merced a el habla, que Heidegger definía “la casa del hombre, donde mora su Ser”. Un hombre de pocas parolas es un hombre sin Ser, es un hombre que no realiza su existencia, puesto que la articulación del discurso es la diferencia principal entre un hombre y un perro. Para su cabal comprensión, os acuerdo la típica situación de un can con una cara muy expresiva que te mira y tú exclama-mira, le falta la palabra.

Los campesinos son, entre todos los trabajadores, los más importantes, pues son los que nos dan de comer-particularmente a gente como yo que se nutre de fruta y verdura. Pero siempre hay el otro lado de la moneda, que en este caso es la falta de cultura y consecuentemente de…palabras precisamente. Además, parece casi que el campesino desprecie las palabras, sin uno habla mucho, “no es serio”. Mi trabajo de quiropráctico es el más satisfactorio del mundo: el médico te da medicina que sólo postergan el problema-o te opera con mucho dinero y riesgo. Yo acabo con toda la vaina en dos minutos, pues hago “cirugía” con las manos-realineo las vertebras desplazadas que eran la causa del problema en dos minutos. Pero, una vez más, hay siempre el otro lado de la moneda: Entra un/a paciente, obviamente con toda la familia, me miran sin proferir una palabra…luego no necesariamente el paciente, sino lo que más habla, me dice explica la razón de su presencia; esto en los casos mejores, pues en los peores yo pregunto como están, ellos me contestan que están bien-al que me veo obligado a imitar a Sócrates que extraía la verdad por medio de preguntas…Al final pregunto como se siente y el/ella contesta “un poco mejor” al que yo remato “¿Qué le molesta? ¡Nada! Me contestan con énfasis y fruición: Conclusión interesante: dicen un poco mejor porque poco es una de las pocas palabras que usan, así cómo les fascina decir más mejor. Y así me la pasaba antes de cerrar, entre gente que se sentía un poco mejor, y las que se sentían más mejor…

Pero no hay que olvidarse que las lenguas son la solución humana al problema de la comunicación-humana e inevitablemente imperfecta, hay que agregar. Cada idioma tiene sus excelencias y sus deficiencias; una excelencia del castellano es amanecer: lo escuché la primera vez en mi vida en Barranquilla en 1990, cuando una muchacha me preguntó “¿Cómo amaneciste?” Me costó trabajo entender por la mismita razón por la cual no se puede traducir en ningún idioma occidental. Una excelencia del italiano es el substantivo “sopramobile”; lo busqué en el la nube que todo lo sabe y que me contestó “ornamento”-lo que NO es correcto: un anillo es un ornamento, pero no es un sopramobile-que precisamente describe un ornamento PARA los muebles-una vasija o lo que haya.

Llevaba veinte años sin televisión, así que cuando fui a Coppel a comprar los muebles para mi nueva casa…Palenque, me compré una no tan grande que no está en el medio de los muebles que se hacen para esto, no señores, está arribita de un estante y funge precisamente de…ornamento, pues nunca la conecté ni tengo el deseo de hacerlo: Después de dos meses y con mucha renuencia, me puse a ver los programas de las compañías de cable: Lo mejor de los mejores no tenían una película que valga la pena. Noté que había “Lost”, una larga serie que vi en Netflix hace años y que, cómo otras, estaba bien trabajada, vaya, buenos actores y dirección. Ya no están en Netflix y ¿voy a conectarme con el pinche cable para verla otra vez? ¡Ni de vainas! Estaba esperando Cien años de soledad producida por el hijo de García Márquez que anunciaron ya a mediados del año pasado-en balde. ¿Adonde están los Fellini, los Visconti, los Bergman, los Hitchcock, et al? Ya no están porque cualquier producto se hace sobre base de la demanda. Un mercado es un grupo de gente con dinero y voluntad de gastar su dinero-y el mercado actual no apetece película de arte. Louis Malle te hacía una obra maestra en un cuarto con tres actores, los franceses eran especialistas de esto. Ahora me pongo el los zapatos de mis tres lectores aclaro que es arte, que es bello: es el producto de la estética, el culto del bello y del sublime, según el filósofo más importante, Kant; y lo que permite distinguir lo bello desde lo feo, según el menos importante, vuestro servidor. La falta de cultura inhibe el interés hacia el bello y llena el vacío con acción…Últimamente escucho más música clásica que antes: me gusta ver una buena película con la cena, me pongo a ver una y cuando ya no aguanto la bulla de los disparos, la apago y recompenso mis pobres oídos con…lo que puedo pues: Chopin, Beethoven, Pachelbel, et al. Un poco de eufonía para callar tanta cacofonía en mí.

Estados Unidos se volvió la potencia que es después las dos guerras mundiales. La única escuela de filosofía que tomó fuerza allí fue el pragmatismo de la Chicago del 1910-lema que sale desde la palabra griega praxis, que significa acción: lo que cuenta es lo que lleva a la acción-que así se vuelve el centro de interés-entre gente inculta precisamente. Los que mandan en el mundo son los grandísimos capitales, los judíos, et al., que no quieren un mundo de filósofos, de gente con la vista clara, no señores, ellos quieren un mundo de autómatas que sepan hacer su trabajo, que tomen mucha Coca-Cola, que cambien coche frecuentemente y que no necesiten de obras de arte para divertirse-como estaba diciendo.