De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

En pleno pico de la epidemia, México todavía está lejos de aplanar la curva de contagios y frenar las muertes por COVID-19. Cristian Morales, representante en México de la OMS, dijo a El Financiero que “estamos viviendo uno de los momentos más complejos y más peligrosos de la epidemia, donde varias entidades federativas, o bien están avanzando hacia la cima, algunas se encuentran en la cima y otras han empezado a descender, pero todavía muy cerca de la cima”.

Afuera de México, el panorama internacional indica que los casos confirmados y activos (desde el primer al 15 de junio) por región de la Organización Mundial de la Salud se concentran en América: 937,543 casos o 54.7%. Europa registró 256,849 casos o 15.0%. El total de casos confirmados a nivel mundial es de 7,553,182, pero aquellos confirmados en los últimos 14 días son 1,712,576 o el 23%. La tasa de letalidad global es de 5.6%-mientras que en México es EL DOBLE…

Frente a este panorama tan desalentador, destaca la postura de Claudia Sheinbaum, la política que más admiro en el momento, que a la par con la relajación y la “nueva normalidad”, empezó a usar el cubrebocas también mientras habla. Dijo que espera la escuchen, pero ya no se va a quitar la mascarilla como hacía y como hacen todos los demás-empezando con AMLO. La moralina es lo que siempre digo, lo que aplica a todo-que cualquier cosa se hace o no se hace según una hipotética balanza entre los pros y los contras. La cosa más segura es la distancia, quedarse en casa, pero esto lleva a la destrucción de toda la sociedad; así que mejor re empezamos gradualmente algunas actividades, pero siempre con el cubrebocas-que cuesta muy, pero muy poco en comparación con la protección que da a lo que lo usa y, más aun, a los demás. Por esto su uso se vuelve un deber cívico-una forma de civismo, muy parecida a lo que me hace empujar el carrito de Chedraui a su lugar de origen-y no dejarlo entre los coches como hace la mayoría.

De la moral a la biología y la práctica: El cubrebocas no sirve tanto para vos, sino para los que están frente a usted-yo diría, usando los números que no mienten, 30/70% respetivamente. Los cubrebocas delgadito y mal puesto no sirven casi para nada; entre ellos, entre los más baratos-10-15 varo, aconsejo uno delgado pero redoblado, lo compré en El Rosario y calza muy bien, sellando perfectamente los lados. Lo compré para cuando vaya a hablar. Luego hay los que se hacen desde un paño grueso que protegen más, pero también dificultan más la respiración. Al respecto voy a pormenorizar: LO MÁS IMPORTANTE es cubrir LA BOCA-la nariz también pero no tanto, además se puede dejar la mascarilla y sólo bajarla un poco para respirar bien. Y al final hay lo mejor, lo que uso yo cuando salgo-a comprar comida, casi sólo en Chedraui que es lo más cuidado-el N-95. Compré tres a la fecha, el primer me costó 160, el segundo como 130 y el último cien. Parece ser la única cosa que baja en este momento tan difícil de la economía cuando todo sube.

Ya lo he dicho, pero lo repito porque vale la pena: Un ingeniero estudia cinco años y miren cuantas cosas sabe hacer; yo estudié ocho años filosofía, y no sé hacer nada, pero tengo la vista más clara y por ende puedo llegar a decisiones sabias sin un conocimiento adecuado del tema tratado. Se acaba de pasar: conozco muy poco la biología, pero llegué a la misma conclusión de un experto biólogo: Hace unos días Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995, publicó un artículo en la revista PNAS, en Estados Unidos, en donde se dieron a conocer los resultados de la importancia que tiene el uso adecuado de cubrebocas. En videoconferencia de prensa con la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, explicó que no sólo las gotículas de saliva transmiten la enfermedad, sino que las partículas pequeñas a las que llaman “aerosoles”, son las que verdaderamente representan un peligro, puesto que son invisibles y pese a ser muy pequeñas, son lo suficientemente grandes como para acarrear el virus. Detalló que hay una comunidad científica que trabaja con estas partículas invisibles llamadas PM2.5 y que, al aspirarlas, se meten directamente al sistema respiratorio.

“Brake” significa freno; pero hay una expresión coloquial muy común y eficiente en Norteamérica: “Give me a brake!”, una exclamación igual a decir déjeme en paz, déjame respirar. Necesito “a brake” desde este Coronavirus. Así que os aconsejaré una película de Netflix-“Manos de piedra”, una saga del boxeador panameña Duran ambientada en los 70s, después de la invasión americana de Panamá para adueñarse el usufructo del importantísimo canal. El muy anciano Robert De Niro es el entrenador más reconocido del mundo que viaja a Panamá para ofrecer su ayuda a un muy prometedor joven boxeador local-pero este lo rehúsa para el odio que tiene en contra de los americanos-y de hecho esto es lo que hace esta película algo de bueno, algo que retrae en sus arcanas profundidades las sensaciones del hombre. Más que de golpes en el ring, esta película es repleta de sensaciones-y esto es lo que se llama arte. Y es también una saga-documental en tanto que retrae la realidad como fue, culminando con la pelea con la cual Duran se corona campeón del mundo venciendo a Sugar Rey Leonard-una pelea que todavía acuerdo después casi medio siglo. Hubo dos “bailarines” famosos entre los boxeadores: Uno pesado, Cassius Clay-que cambió su nombre en Mohamed Ali, y este negrito muy simpático.