De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

 

Antier traté de agarrar dos pájaros de una bala, traté de cubrir el tema del Coronavirus y lo de las elecciones de noviembre en EEUU: los 100,000 muertos son una carga demasiado pesada para Trump…Así que tuve que hablar de Hegel, Wittgenstein, et al, para tener una base filosófica sólida y salirme con una constante acerca de este presidente, un padrón que uniera todo su modus operandi-y la conclusión fue muy clara: falta de cultura. Lo que pretendo hacer con esta columnilla mía es advocar la cultura-y ahora con esta pandemia de por medio, aumento mis esfuerzos, enfervorizo el tema: trato desesperadamente de encontrar el otro lado de la moneda de esta conjuntura que estamos viviendo, trato de dar una razón más para ser culto, por lo menos para poder tener conciencia de lo que está pasando. Y como siempre la filosofía es lo que va por encima de todo: se han escrito millones de palabras de los cubrebocas, etcétera. Pero la gran conclusión es que cualquier cosa se hace o no se hace según de un hipotético balance entre los pros y los contras: Un buen cubrebocas, digamos un N-95, te cuesta cien varo y te puede salvar hasta la vida-o una enfermedad que puede ser muy, muy dolorosa.

En Chedraui, todos tienen cubrebocas y en el mercado ni los vendedores-y allí vamos con lo que he estado diciendo desde que empezó esta vaina: Cultura, civismo, acato, patriotismo-lo que permitió que Italia y en particular Milán, donde nací, pasara desde una situación desastrosa, entre las peores del mundo, a la normalidad-y con cautela para evitar un rebote. Y lo mismo se puede decir de toda Europa, China y Japón, donde Tokio de 35 millones de habitantes, fue el último bastión superado-cultura, civismo. Ahora Latinoamérica es el foco rojo con casi 60% de los casos mundiales-y México está a la cabeza: hace una semana era entre los diez con más casos, ahora ya es entre los cuatro.

Ahora, que haya gente que no entiende la importancia de lo susodicho ya se sabe, es una prerrogativa de las áreas agrícolas, pero que una maestra no le haga caso-en este caso no puedo decir no lo entienda, simplemente haga caso omiso a todo lo que estamos escuchando desde tres meses para el bien común, es un poco difícil de entender. Pero se pasa: el sábado 22 de mayo, había una docena de personas a ladito de mi unidad en Casas Palenque, todas sin protección y conviviendo, como se usa aquí, con sillas de renta.

He dicho que en todo el primer mundo no hay un tope, ni un perro callejero-ahora voy a agregar que este negociazo que hay aquí en salones de fiesta, y renta de sillas-que la gente mete donde quiere, inclusive en la pública vía, o cerrando totalmente el paso en una calle-todo esto señoras y señores, no los hay en el primer mundo. Cierra una calle en EEUU para un party y te llevan preso ya. Voy a decirlo todo escuetamente: en Norteamérica y en Europa, las fiestas privadas son…privadas. Todo lo que quiere pero ADENTRO o en TU patio trasero. Por separado cabe decir que lo que más odio aquí es la basura-y lo mismito haría cualquier canadiense…Hace 25 años compré una casa a la orilla del río Jamapa en Medellín de Bravo-una belleza natural espectacular-y llena de basura-hasta que después de muchas inútiles peleas con los vecinos, la vendí por la desesperación.

Y desde entonces repito seguido que en México lo bueno es lo que hizo la naturaleza y lo malo lo que hizo el hombre-y en Canadá es al revés. Volviendo a la fiesta de los vecinos, hay que decir que son gente de buena burguesía-y que recogieron los vasos y platos desechables, pero siendo muy livianos, un par de ellos se quedaron debajo de mi coche. Pasan unos días y me pongo a regar el pasto y viendo estos vasos con el mismo jeto de la manguera, los empujé de un par de metros hasta de quedaran en su lugar de origen. De no ser por el gran cuidado que tengo para el Coronavirus, los habría recogido y puesto en el basurero; al respecto cabe señalar que apenas empezó la fase tres, yo cerré y aproveché para instalarme en mi nueva casita-que de hecho tengo desde seis años y que nunca gocé-sino todo lo contrario…Reparé todo y me dispuse a gozarme el último hogar de mi vida.

Antes ganaba dinero y satisfacciones; ahora sólo gano llamadas de gente que se enoja porque no los atiendo. Y con todo esto tuve tres mujeres que me gritaban en cara acusándome de haber puesto MI basura allí. Había una animadversión increíble en ellas, como si hablaran a un ser ruin y no a un filósofo de buena alcurnia. Yo soy muy ignorante pero sé muy bien lo que más cuenta, que nada es sin causa: La peor parte del gran tuerto que padecí fue precisamente esto, que ni siquiera entiendo tanto desprecio. Hasta[1] se inventaron tortillas en mi patio cundo eran hojas secas.
[1]