De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Continúo citando-y alabando a Obama. Me acuerdo que cuando venció la presidencia: viviendo yo en Boca del Río, tenía un amigo del sureste americano-que seguía desconcertado repitiendo ¡Un pinche negro presidente-increíble! Así son los gringos-sureños en especial-y miren que desbarajuste tiene ahora EEUU con esta última vaina del negro que un poli mató-y ni de un pepazo, sino quitándole la respiración mientras que su víctima se lo decía. Estas vainas nunca pasan en la culta Europa-o en ningún país culto. Por esto sigo con el tema del discurso de Obama, muy preparado e inteligente, que traduje casi al pie de la letra.

El ahogo mental del receptor con torrentes de datos irrelevantes y triviales, liquida el atractivo humanístico que dominaba la política global desde la Ilustración europea. Conciencia, justicia, emancipación, revolución, ya no son vectores que orientan el quehacer de las masas. Su lugar es ocupado por un algoritmo, cuya esencia no es la optimización de esos valores y la transformación social necesaria para alcanzarlos, sino la exhibición narcisista de datos personales en las arenas del autoerotismo mercantil global (Facebook, twitter), carentes de importancia objetiva y decisiones razonadas. La base objetiva de esta desculturación perfecta al servicio de las élites capitalistas es doble: las nuevas fuerzas productivas del ciberespacio y las clases medias, baluartes de la democracia liberal. Presidentes con cultura, en el sentido científico, es decir, la capacidad de entender, jerarquizar y optimizar los movimientos dialecticos objetivos de la realidad hay muy pocos actualmente. Xi Jinping, Putin y Angela Merkel son posiblemente los únicos que cumplirían con los requisitos respectivos.

Y aquí también sigue mi gran conclusión y moraleja, pues sigue el mismo patrón: Europa mucho más golpeada que la Unión Americana al comienzo, está saliendo adelante-y Japón mejor aún: lo último que quedó fue Tokio, con sus treinta y cinco millones de personas. Y ¡Miren cómo está la CDMX!
Xi es ingeniero químico, una ciencia multidisciplinaria que utiliza los principios de química, física, matemáticas, biología y economía, para resolver problemas empíricos desde la nano escala hasta las macro escalas. Durante la Revolución cultural de Mao vivió años entre campesinos en extrema pobreza. Ambas experiencias formativas, junto con un doctorado en leyes, se reflejan en su praxis política actual. Angela Merkel también estudió en el campo de las ciencias transicionales, haciendo su doctorado en la Alemania socialista en el área muy complejo de la química-física cuántica, mientras militaba en la juventud socialista. La diferencia cultural y de vida entre ambos presidentes y populistas charlatanes como Trump o Bolsonaro no podría ser más dramática que la que indican esos parámetros curriculares.

La característica funcional determinante de los presidentes culturales para cumplir con su mandato popular consiste en que reúnen en sus gabinetes personajes destacados que garantizan una óptima realización de la función pública, para la cual fueron elegidos. El paradigma clásico de esas vanguardias dialécticas culturales en América Latina fue Fidel Castro: consumado científico, político y revolucionario. Su fracaso no excluye lo antedicho, pues es debido a los rasgos más bajos de la naturaleza humana que aplastan la aplicación de los principios de Marx.

Los presidentes mediocres, dogmáticos y sin dialéctica, como Trump y Bolsonaro, juegan en una liga muy inferior, en la cual el meta-sistema de conducción política, es decir simplemente la cultura, no tiene importancia. Su característica definitoria son los gabinetes bonsái: llenos de plantas que no les hacen sombra. No se puede exigir, que en su tiempo libre lean el Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, en lugar de jugar golf en Mar-a-Lago, o que sepan lo que es un algoritmo. Tal conocimiento no se espera de mentes profundamente ancladas en el social darwinismo primitivo, el tribalismo arcaico y el fundamentalismo evangélico. Sin embargo, se paga un precio. En este caso, 100,000 cadáveres. Formulada como correlación estadística: A mayor incultura y oscurantismo del presidente, mayor “absolute chaotic disaster” en el sistema social-Estado.

Sin la cultura, el macrosistema sociedad-estado se vuelve desorganizado –en palabras de Obama “caótico”– y la eficacia de la función pública se torna marginal. Esta es la principal razón de las divergentes tasas de mortalidad en China y Estados Unidos. De hecho, el caos y la corrupción en la función pública estadounidense ya son de tal grado, que la Casa Blanca se muestra incapaz de organizar su propia logística diagnóstica. Investigadores de la Universidad de Nueva York (NYU) acaban de constatar que el diagnóstico rápido usado en la Casa Blanca falla a identificar hasta el 48% de las infecciones.

La superioridad de la cultura china sobre el software unidimensional de la iletrada Casa Blanca se deriva de su espíritu dialéctico, formulado hace miles de años por Confucio, Lao-Tse, Gautama Buda (el Iluminado) y Sun Tzu, entre otros. En palabras de Confucio, escritas hace 2,500 años: Lo nuevo debe ser el producto de la unificación sobre la diversidad; no erigirse sobre la destrucción de la diversidad, como sucedió en la conquista europea de América.

Este sofisticado algoritmo de transformación socio-política, que en la filosofía occidental se encuentra en la categoría dialektische Aufhebung (superación dialéctica) de Hegel, Marx y del socialismo científico, permea el pensamiento y la praxis de la vanguardia china, a diferencia del positivismo vulgar, mercantil y chovinista, que domina la Weltanschauung y el pragmatismo imperialista de la clase política estadunidense actual. El compromiso público del presidente Xi de tratar cualquier vacuna china contra el coronavirus como “un bien público global”, y los intentos criminales de Trump de monopolizar una primera vacuna para su proyecto “EEUU primero”, ilustran el abismo cultural-político y el carácter de clase entre el Socialismo con características chinas y el capitalismo del “nacionalismo imperial” de Washington.

A la clase política chovinista e inculta del Imperio ya se le ha olvidado que ha perdido cuatro guerras en Asia: en China, Corea, Vietnam y Afganistán. Y que no tiene ninguna posibilidad de prevalecer ahora con su primitiva cultura mercantilista-tribal sobre la sofisticada cultura y el poder real de China, en alianza estratégica con Rusia. Ojalá, que los analfabetos ejecutivos de la Casa Blanca escuchen a Obama, antes de embarcarse en una guerra contra China, que no podrán ganar jamás. Pero, que puede llevar la humanidad al apocalipsis.