De filosofía y cosas peores

De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Científicos mexicanos especializados en matemáticas, estadística e infectología advirtieron que en el país puede haber hasta 25 veces más casos de los confirmados en laboratorios-es decir que ya no estaremos hablando de unos cuarenta mil infectados, sino de un millón, más o menos. Claro, muchos de ellos asintomáticos, pero siempre con la capacidad de infectar los demás. Voy a ser simple y muy pragmático al respecto: Últimamente salgo sólo una vez a la semana para abastecerme de lo básico; y aun así voy en Chedraui cuando haya menos gente, no voy a la farmacia Simi los lunes cuando hay más afluencia, sino otro día. ¡IMÍTENME! Y si tienen que salir hágalo simple con cubrebocas; y al respecto acuérdese que esto protege más, mucho más a los demás que a vos-de allí que la SANA DISTACIA sigue siendo la mejor cosa. Por arriba de lo descrito al comienzo del párrafo, voy a agregar que este estado se encamina a ser el peor de toda la república, pues todavía no tiene tantos casos como la CDMX o el Edomex, pero tampoco tiene tantos habitantes y, lo peor de todo es que se está empeorando, a diferencia de la ciudad de México y el estado homónimo, donde hay más cultura que ya está dando sus frutos. Al respecto no hay que olvidarse que por mal que vaya algo, si sigue mejorando, llegará a estar bien-y viceversa.
Mi experiencia al respecto parece corrobore lo antedicho por la ciencia: Hace ratito, cuando nos decían que teníamos seis infectados, un solo médico diagnosticó cinco…Sobre esta base se podría llegar fácilmente al mismo resultado que dicen los científicos…Esto es muy triste y yo tampoco soy de humor radiante…Así que vamos a cambiar de tema totalmente, vamos a hablar de estética, del culto del bello y del sublime…Imaginemos un poeta que se sienta ante una página con la necesidad de decir muchas cosas en ese pequeño espacio blanco…El mundo es grande, el poeta está solo y el poema no es que unos fragmentos de lenguaje, unos cuantos arañazos de una pluma rodeada por el silencio de una noche…Puede ser que el poeta desee contarnos sobre su vida, unas pocas imágenes de un momento fugaz en que estuvo feliz. Pero el deseo secreto de cualquier poeta es lo de detener el tiempo: recuperar un rostro, una imagen ya marchitada por los años…Y además, el poeta está guiado por el deseo de decir la verdad, este reflejo de lo que las cosas son. La verdad importa al poeta. Pero ¿Cómo decirla y más aún como verla? Los realistas aconsejan: abre los ojos y mira. Los partidarios de la imaginación advierten: cierra los ojos y verás mejor: hay verdades con los ojos abiertos y verdades con los ojos cerrados, aunque a menudo no se reconocen mutualmente…Vivimos en una época en que hay cientos de manera de explicar el mundo. Todo es creído: todo tipo de religiones y todos tipos de especulaciones científicas. Acaso la tarea de la poesía sea escoger algo autentico desde los sistemas religiosos y científicos. Aristóteles, el primer gran racionalista, admitía que la poesía alcanzaba lo que la razón no podía. En efecto el gran defecto de la poesía y también uno de sus rasgos más sublime es que quiere incluirlo todo. Bajo la fría luz de la razón la poesía es algo que resulta imposible escribir: uno no tiene idea de lo que está haciendo, las palabras hacen el amor en la página cual moscas en el calor de verano mientras que el poeta no es más que un espectador embebido, pues el poema es el resultado tanto del azar como de la intención, quizá más del primer que de la secunda. Una y otra vez la poesía prueba que las teorías generalizadoras no funcionan: la poesía siempre será el concierto de gatos bajo la ventana del cuarto en el que se escribe la versión oficial de la realidad; pero el cuarto y toda la casa está pandeada, pandeada como si estuviera al punto de desplomarse por el peso del cielo…