De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

 

Seguramente mis cuatro lectores se acordarán de lo seguido que se leía acerca de la INMUNIDAD DE REBAÑO; se volvió el tema más popular acerca de la pandemia, se especuló inclusive acerca del “otro lado de la moneda,” del bajo chequeo en México y del consecuente hecho que haya muchos más infectados de lo que se piensa, aunque asintomáticos. ENTONCES SE ESPERABA DE ALCANZAR ESTA INMUNIDAD CON EL 35% DE VACUNADOS. Con la variante delta, y su elevada contagiosidad, parece ilusorio llegar a la inmunidad colectiva únicamente gracias a las vacunas, aunque éstas sigan siendo cruciales para contener la pandemia del covid-19. Desde hace meses, la inmunidad colectiva –es decir, el umbral de personas inmunizadas a partir del cual la epidemia cesa– es considerada como el santo grial de una salida de la crisis sanitaria: ahora se necesitaría el 90% para conseguirla.

Y es que la variante delta, ahora dominante, es considerada 60% más transmisible que la precedente (Alfa) y dos veces más que el virus original. Y cuanto más contagioso es un virus, más alto es el umbral necesario para lograr la inmunidad colectiva. El concepto es obvio, pero lo que sabemos es todavía muy vago, pues hay quien dice que la delta es mucho más contagiosa, y ya tenemos la siguiente, la lambda. Vaya, bastante para enloquecernos.

El cálculo se hace a partir del índice de reproducción de base del virus, es decir el número de personas que un infectado contamina EN AUSENCIA DE MEDIDA DE CONTROL. Y allí volvamos al tema que me está quitando el placer de escribir: He escrito muchísimo acerca del cáncer, de la nutrición, vaya de cómo hacer que su comida sea su medicina y viceversa. En cada artículo me sentía útil, ahora, después de repetir lo mismo desde año y medio, me siento inútil, frustrado.

Finalmente, no hay que olvidarse que la finalidad de esta columnilla mía es la de mejorar la calidad de vida de mis lectores, empezando con cordura general, con la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad para alcanzar la felicidad. Con esta pandemia es distinto: me parece de hablar al muro. Y esto que tengo argumentaciones muy válidas y absolutamente indisputables-mismas que repito desde año y medio: Cualquier cosa se hace o no se hace según una hipotética balanza entre pros y contras: Usar una mascarilla, cuidar las distancia y lavarse bien cuesta muy poco y ES LA ÚNICA MANERA PARA SALIR DESDE EL HOYO MÁS PROFUNDO Y LARGO EN EL CUAL NOS HEMOS ENCONTRADO JAMÁS. Ni esto es sólo mi opinión: Ayer, la jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM, dijo que la vacuna va a ayudar a contener el avance del coronavirus SARS-CoV-2, sólo hasta que tengamos más de 90% de la población vacunada; aunque si todos se pusieran correctamente un cubrebocas cuando salieran de sus casas, CON ESTE SIMPLE HECHO se disminuirían hasta 80% los contagios, pero no se hace. “Hay dos cosas infinitas, la estupidez humana y el universo-pero de este último no soy tan seguro.” Este “no se hace”, es la prueba más contundente que Einstein tenía razón.

El ínfimo nivel cívico-cultural local me motivó a proporcionar consejos a Florentino, el Jefe de Protección civil que ya me había demostrado ser un eficiente servidor público; pero, aunque manifestó su acuerdo con las medidas más estrictas que yo sugerí, agregó que sus posibilidades al respecto son obviamente atadas a sus superiores, etcétera. Por mi parte, yo entiendo perfectamente cuantas trabas haya de por medio para que la policía haga respectar estas normas, entiendo esto y vagamente otros problemas. Pero entiendo muy, muy claramente que es una democracia-la kratein del Demos, el poder del pueblo-de allí a una sugerencia a todos los servidores públicos que LO ENTIENDAN TAN CLARAMENTE COMO LO ENTIENDO YO. Quizá esto les daría un acicate a hacer lo bueno para el pueblo acordándose en todo momento que su jefe no es tanto el alcalde, un regidor o lo quien sea, SINO EL PUEBLO. Y si el pueblo no tiene los enseres, el utillaje, vaya la cultura para actuar sabiamente en esta situación, entonces es cuando las autoridades deben implementar reglas necesarias a solucionar la gran vaina. En esta situación desesperada, las autoridades, desde AMLO al último servidor público, tienen que acordarse claramente que las leyes de cualquier nación deben ser atinadas a la población que pretender legislar, Y EN ESTE CASO TAN DIFICIL DEBEN SER DRACONIANAS. Y allí les va otra demostración de imparcialidad: sigo admirando a López Obrador por ser el primer presidente honesto en mucho tiempo, pero detesto su terquedad en cuanto a las clases presenciales. Esto se lo dice una persona que no estudió-y sigue estudiando, para la carrera, sino para saber-lo incluye la clara conciencia de que un sabio muerto no sirve para nada.