De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

 

En su conferencia matutina, López Obrador recomendó a los jóvenes no relajar las medidas sanitarias que previenen la propagación del COVID-19. Además, reconoció que, si bien este sector de la población presenta mayor resistencia a una posible infección, los casos recientes han surgido a partir de la reanudación de su vida social.

Las copié porqué las palabras del presidente de México coinciden con el informe más reciente de la Organización Panamericana de la Salud, que indica que los adultos jóvenes tienen un rol activo en la transmisión del nuevo coronavirus. La OPS confirmó la presencia de una tercera ola de coronavirus en México e informó que en los últimos días la Secretaría de Salud federal reportó 8 mil casos nuevos de COVID-19 con una tendencia de incremento.

Desde el pico de enero, debido en mayor parte a las malditas fiestas que tanto les gustan a los mexicanos, desde casi veinte mil nuevos casos diarios, habíamos mejorado hasta a llegar a menos de mil en el comienzo de junio. Sin embargo, muy lamentable y paradójicamente, esta misma conciencia de gran mejoría ha causado esta recaída. Hay once variantes y Dios sabe cuantas más, digamos de alfa, beta, gama, delta, épsilon-y hasta omega, juntamos todas las letras del alfabeto griego si queréis, pero el punto focal sigue siendo lo mismo desde el comienzo-USAR LA RAZÓN EN LUGAR DE LOS SENTIDOS. Lo digo en mayúsculas ya que esto aplica a todo y es el grano, la sustancia de esta columnilla mía al mismo tiempo.

Por lo mismo, maldecí las fiestas EN ESTA CIRCUMSTANCIA. Pero no piensen que las odio, al contrario, yo hago fiesta cada día, celebrando mi buena salud, gozándome música clásica relajándome y bailando salsa como ejercicio aeróbico, pues siempre fui muy flojo en las caminatas: caminar media hora me aburre a muerte-por arriba del dolor de espalda baja que me causa; bailando salsa en cambio, me aliviana la columna y me divierte al mismo tiempo. Estamos hablando de lo mismo, el mismo concepto-la RAZÓN al servicio de…TODO. Exactamente el opuesto de las vacaciones de al menos 30 estudiantes de educación media superior de Puebla que viajaron a Cancún a una excursión de fin de cursos y regresaron con covid-19. ¡Qué fiesta eh!

Ayer y después de casi dos años, participé en el programa matutino del Lic. Gallego en Radiomax. Pero había el psicólogo, era solo, y estaba aclarando un poco las cosas en la difícil e importantísima tarea que los padres de familia tienen con sus vástagos. El problema que estaba analizando era la falta de tiempo de los progenitores, la falta de su presencia. De allí a lo que me enseñó Martin Heidegger el paso es breve y se llama PRESENCIA, SER-ALLÍ, es decir Dasein, el término que Heidegger adopta para indicar el modo de ser proprio del hombre, con la finalidad de repensar la tradición metafísica u ontológica occidental. Cualquier exceso causa siempre el opuesto de lo excedido: el excesivo idealismo de Hegel causó dos formas de materialismo, el materialismo histórico de Marx, y el existencialismo-que se considera sensu lato como tal ya que antepone la existencia a la esencia, es decir a la ciencia del Ser, la metafísica.

El Dasein Heideggeriano despertó el interés de la psicología debido a su renovada concepción del ser humano. Para Heidegger, el Dasein es siempre una relación con su propio ser a cuyas características el filósofo llama existenciales.

La vista clara que nos otorga la filosofía nos hace ver las cosas en su totalidad, con su debida hondura-de allí a mi observación que cuando decimos de no tener tiempo, en la real realidad estamos mintiendo: no es que no tengamos tiempo, es que no lo tenemos para lo que no nos parece suficientemente importante-de allí a la incongruencia contundente entre lo real y nuestra percepción de él: Criar bien los hijos es de suma importancia, es el porvenir de la nación y del mundo. Subestimar esta realidad es un grave error-lo que nos conlleva inevitablemente a pensar dos veces antes de procrear. Muy lamentablemente, mi experiencia de filósofo trotamundos me llevó a la siguiente triste conclusión: mientras menos tienen la habilidad de crear bien sus vástagos, más hijos hacen. Esto se ve claramente en un poco toda Latinoamérica; pero no en la culta Europa: En países tan diferentes como Italia y Finlandia, a los extremos opuestos del viejo continente, la población es en disminución, el común denominador entre ellos siendo la cultura y la sabiduría que conlleva consigo.