De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

¿Qué provoca la sensación de picor? ¿Cómo se desencadena el reflejo de rascarse? Los científicos tienen muchas preguntas sin respuesta sobre algo tan corriente, pero empiezan a desvelar los mecanismos químicos y neurológicos subyacentes, como las fibras nerviosas implicadas y las zonas cerebrales que procesan esas señales. Lo único que nos queda claro es porque rascándonos acabamos con el problema de la comezón: acabamos por medio del dolor, es decir superponiendo una sensación opuesta. Esto me queda bien claro ya sea como filósofo que como quiro. Pormenorizando, yo soy muy efectivo como quiropráctico por tres razones: porque tengo antes todo el conocimiento del paciente-mi columna es un desastre; luego porque soy un filósofo y la física y la geometría que uso son parte de la filosofía-al contrario de la química de los médicos-de allí a la interesante conclusión que no sería tan bueno como médico general. Pero lo más interesante es que estudiamos dos ciento horas más de los galenos y NO sabemos todo lo que ellos saben. Simplemente concentramos en todo el sistema nervioso y el musculo-esqueletal, pero más que todo hacemos mucha práctica; por esto-y después de mucha experiencia, yo veo con la yema de los dedos, y NO necesito de radiografía-un derroche de tiempo y de dinero por el paciente. Me explico mejor: Una radiografía me muestra unas vertebras desplazadas. ¿Qué hago entonces? Las voy a buscar ¿contándolas? Una estupidez descomunal ya que con el solo correr mis dedos las ubico de todo modo-y más fácilmente-y la realineo al mismo tiempo: todo muy efectivo, rápido y lógico.

Y ni hablar de los que gastan miles de pesos para tomografías de resonancia magnética. El ejemplo ideal de mi argumentación se produjo hace ya como tres años: un ingeniero cordobés acudió conmigo y parecía contento de saber que tenía una hernia discal-contento de saberlo después de tantas vueltas y como ocho mil pesos. Le cobré cuatro ciento pesitos y salió sin hernia en quince minutos. Esto fue el caso más fácil. Y el más difícil fue lo que me trajo aquí hace doce años, el caso de Andrés Morán de La Victoria, que estaba tirado con tres hernias discales y una peligrosa cirugía como única alternativa. Demoré tres meses, desplazándome dos veces a la semana desde Boca del Río a La Victoria. Fue mucho trabajo, pero valió la pena: antier y después de estar bien durante doce años, lo traté por un mal movimiento-entró arrastrándose y salió derechito. Pero en la ocasión me di cuenta que una de las tres hernias que le compuse empezaba saliendo otra vez, pero poquito y creo poderla remeter en dos o tres sesiones. Y os relato esto porque hay gente que me pregunta cómo llegué aquí.

En este sentido mi trabajo me fascina, particularmente cuando acabo con la epilepsia de un paciente, como hice con Maximino, el hermano de Mariana y otra que curé. Mariana necesita de un poco más, pues llevaba demasiados años con vertebras fuera lugar; es una autóctona con sólo la primaria, pero muy inteligente y deseosa de aprender; ella nunca me hace pesar el hecho que no queda pronto, como hacen otros pacientes que ya a la tercera vez me acuerdan que es el tercer tratamiento, a los cuales me gustaría mandar al carajo-que no hago no por el dinero, sino simplemente porque mi finalidad es la de hacer la gente feliz-y la columna puede dar mucho dolor…Así repito por la tercera vez que trabajo sólo las tarde-y empezando dos horas después, ya no a la una, sino a las tres ya que mi gran limitación es constituida por el hecho que las vértebras se acostúmbranos a estar fuera lugar; agrego que en Canadá, precisamente para evitar esto, se aconseja de pasar con un quiropráctico saliendo de bachillerato, es decir acabando de crecer. Hay varios quiroprácticos en cada colonia de cada ciudad canadiense y los paga el gobierno-que pasa la quiropráctica desde medio siglo ya que es la más “cost efficient”-la más segura y barata…Luego agrego que cada cosa se entiende mejor por medio de su opuesto, y que la situación opuesta a la suya es la de un señor que acaba de caerse, que tiene dos vértebras que están torturando el nervio ciático, por lo cual no puede pisar; entra en muletas-y sale corriendo. Quizá uno de los momentos más divertido de mi carrera fue hace unos años, cuando un tipo se iba olvidándose de sus muletas y que tuve que vocear, pues ya estaba en la camioneta y se iba a ir sin ellas. O simplemente cuando uno que acaba de lastimarse entra maluco y sale como nuevo; es cuando me preguntan incrédulos si tiene que tomar algo-al que contesto con fruición, sí una cerveza. Definitivamente se puede decir que hay una discrepancia entre los minutos que demoro en curar y el tiempo que dedico a explicar, como relaté. Esto es el lado negativo de mi trabajo-de allí a lo susodicho.