De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

La filosofía quiere descubrir cuál es el mecanismo que rige la realidad, la llave que abre la inteligencia del mundo. De allí al hecho que filosofar implica preguntarse qué hay detrás o más allá de la inmediatez de las cosas, ampliar y reescribir contextos, y prever consecuencias a veces, pues los acontecimientos vienen envueltos en interpretaciones de los poderes interesados, descontextualizados y hasta edulcorados por sofistas que usurpan funciones intelectuales; encararlos filosófica y realísticamente conlleva riesgos importantes para la integridad personal. La historia enseña muchos casos, desde Sócrates hasta los mártires de cada país del mundo-y la violencia contra los periodistas como la por la cual el Notiver guardó un día de silencio, por la atroz matanza de Miguel Ángel López Velasco, así como el de su esposa Agustina Sola y su hijo Agustín.

El empirismo inglés es la escuela de filosofía más sencilla y clara para entender lo real: “Empiría” era un sinónimo de experiencia; el sustantivo ocasó, pero permanece el uso del adjetivo empírico, que significa precisamente relativo a la experiencia. Aclaro esto concisamente como preámbulo a lo que sigue y que tiene la contundente habilidad de callar cualquier boca incrédula: el mero hecho que yo entienda y acepte lo real, me permite vivir satisfactoriamente solo y desde dos décadas. Y no por necesidad, o por falta de alternativas, sino por elección propia. El punto clave aquí es el claro entendimiento de los rasgos más reales de nuestra naturaleza-y no sobra decir que cualquier tentativa a desviar de ella sería un fracaso. En la real realidad, nosotros nacimos solos, y morimos solos-independientemente de cuanta gente tenemos alrededor nuestro. Aun en las situaciones más íntimas, nosotros vivimos juntos, actuamos los unos con los otros, pero en realidad somos siempre solos. Podemos comunicar e informar a los demás acerca de nuestras sensaciones-pero nunca las sensaciones mismas-que así pertenecen a nosotros como islas-universo en un piélago común sí, pero siempre separados los unos de los otros.

Creo que últimamente los temas que han ocupados más las noticias son la pandemia, con todas sus variantes, etcétera, y las varias vacunas-vacuna que no llegan al 50% de defensa, vacuna que rozan el 99%, vacunas compradas antes que la productora farmacéutica exista, como en el caso de la Cansino que nos pusieron y que es de una dosis, pero de repente te dicen que sería mejor meter otra a los cinco/seis meses…

Desde el hombre más importante del mundo en el momento, Joe Biden al menos importante, lo que esto escribe, han estado ocupado su mejor tiempo hablando de vacuna-la última de Biden al respecto fue que pronto el 70% de sus ciudadanos van a ser vacunados y así tendrán seguramente la famosa inmunidad de rebaño-cosa que los mexicanos planean tener con sólo la mitad de vacunados-un milagro mexicano que se puede explicar en dos maneras: con el desaforado optimismo necesario para no llorar, y con el hecho que muchos más de los que nos dicen han tenido este virus-aunque la mayoría de manera asintomática. El punto focal es el muy reducido número de test efectuado en México en comparación con lo del vecino norteño, donde te ofrecen hasta regalos para que te vacunes-hasta a boleto del partido de baseball, según salió en las noticias recientemente.

Así que me pareció una sana contribución proporcionaos una vacuna contra la soledad-que no tiene riesgos ni contra efectos de ningún tipo, sino todo lo contrario. Una vacuna basada sobre la sabiduría, una inoculación que siempre se obtiene desde la cultura en general y la filosofía en particular-la de seguir siempre la razón que así nos ofrece una vida segura, satisfactoria y exente de todos los tártagos de las debilidades humanas. Una vacuna para empezar, contra el alcoholismo, que nos permite hacer tabula rasa con toda manifestación de esta enfermedad de la cual padecen lo que no siguen la razón, los que no están al mando de un navío hacia un norte seguro. De hecho, mi planteamiento, o mi sugerencia si prefieren, no solamente acaba con el problema del alcohol, sino produce el efecto totalmente contrario: el alcohol se vuelve un “utilizable intramundano”, se vuelve un gusto, un placer, y un beneficio para la salud al mismo tiempo. Y lo más notable, lo más interesante para que mis lectores beneficien de mis palabras, es que así es en Francia y en mi natal Italia, donde todos toman y nadie se emborracha. El vino con las comidas es el ejemplo mejor, pero no el solo-que voy a expresar con un relato que contiene en si mismo toda la moraleja del caso: En cada casa, en cada hogar italiano, aun el más humilde, hay una cuantas botellas-un brandy-un Coñac en las más ricas, un whiskey, un “amaro”-un licor ligeramente amargo que se usa tomar para digerir, después de una cena pesada. Y lo más interesante que no es necesario ser adinerado por esto, porque una botella de brandy medianamente dura meses, particularmente como que es parte de la hospitalidad italiana poder ofrecer una variedad de bebidas. Una según los gusto y los casos, pero siempre y sólo una.