ACERTIJOS

Gilberto Haaz Diez

“Estoy seguro de que hay gente que se metió en las películas sólo para obtener buenas mesas en restaurantes”. Camelot.

ESTE MUNDO LOCO

El mundo ha sido hecho por los locos para los cuerdos, dice un viejo refrán. El mundo ha cambiado muchas veces. Por ciclos. Denme dos Morelos y conquisto al mundo, dijo Napoleón un día bien humorado. Hace algún tiempo en ese lugar, donde las estrellas de Hollywood brillaban, nació el llamado #MeToo y el mundo ya no volvió a ser igual. Los grandes jerarcas del cine, los grandes dueños y productores cayeron bajo la metralla de las mujeres, quienes les acusaron de abuso sexual y varios de ellos purgan condena. Otro se suicidó en la misma cárcel. El mundo ya no se dejaba, aunque algunos argumentaban que las demandantes, varias de ellas, iban por los papeles protagónicos de Hollywood. De ello se han dicho tantas cosas. Marilyn Monroe: “En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma”. “Hollywood es genial. También creo que es estúpido, mezquino y miope”, dijo un extra. Uno de los talentosos hermanos Coen, expresó: “En realidad me gusta Hollywood de la forma que es. Creo que no le cambiaría nada. Me gusta que esté a 3000 millas de donde vivo”.
Hollywood fue otro desde el #MeToo.

LOS ESTADIOS Y EL RACISMO

Hace no mucho, los estadios legendarios de futbol americano comenzaron a cambiar su nombre, los anteriores estaban dedicados o a estrellas o a políticos, como el Estadio Di Maggio y el Robert F. Kennedy. La comercialización un día llegó y comenzaron a llamarse Estadio AT&T y Budweiser y Nestlé y como se le llegará con la chequera del patrocinador. En ese mundo loco se perdió una gran tradición.
Luego, una mañana los gringos se despertaron con la noticia de que un estúpido y criminal policía había matado a un negro poniéndole la rodilla al cuello, mientras aquel gritaba ‘No puedo respirar’, que se convirtió en grito de una multitud. Comenzaron las protestas que se convirtieron en mundiales. No hubo país grande en el mundo, donde no hubiera habido manifestaciones y uso de la violencia. El espíritu de Martin Luther King no los pudo detener. Ni a blancos ni a negros, que se unieron como racimo de coyol, para protestar y poner en jaque a ciudades tan importantes, donde su mismo comandante Donald Trump amenazó con todo, pero nadie se rindió. Las protestas siguieron. Vino poco después, aprovechando el racismo, tirar las estatuas de algunos que consideraron racistas, entre ellos Cristóbal Colón, que donde su paso llegó peleaba con los indios. Los de la Guerra Civil americana también sufrieron su derribo, en algunos solo quedaban los caballos y ellos habían mordido el polvo y el suelo, como lo mordió Sadam Hussein, un día que en Bagdad, entre los gringos y partidarios, echaron abajo su estatua con una soga al cuello (Lázalo, lázalo que se te va) Hoy, a raíz de todo eso, se les ocurrió otra jalada. Equipos renombrados de futbol americano, cambiarían su nombre como homenaje a los indios. Comienza el gran Pieles Rojas de Washington, que en el casco y en uniforme tiene a un Piel Roja chingón, guerrero y victorioso, aunque sabemos todos que John Wayne se los acababa en las películas, pero en la historia mordieron el polvo cuando el general Custer, en aquella batalla de Little Big Horn, perdió a sus 300 hombres y él mismo perdió la vida, cuando Caballo Loco y unos 800 indios derrotaron a su séptima caballería, con 50 bajas en sus filas, batalla que aún recuerdan los militares. Los indios, casi todos exterminados, algunos sobreviven en estados como Utah, donde una vez fui a un campamento indígena, y en otros sitios los han dejado operar casinos y tienen a su comunidad bien, los pocos que quedan. Desde aquella vez el racismo era terrible. Ahora van por los nombres de los equipos, cuando esos nombres rendían tributo y homenaje a los indios, fueran Apaches o Pieles Rojas o el mismo Gerónimo, el último de ellos. En fin.

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