ACERTIJOS

Gilberto Haaz Diez

*Tiempos inéditos para México Adónde vamos a parar. Camelot.

EL INFORME FALLIDO

Las expectativas eran muchas. Jamás habíamos estado en una emergencia de una pandemia. Jamás el país había atravesado una crisis de cierre de locales y hoteles y las industrias y comercios, y el desempleo galopante en este país lleno de sufrimientos. Por la tarde dominical, el presidente AMLO había anunciado su tercer informe, uno que cada tres meses informa a la nación. Antes de las 5, poco antes las cadenas estaban firmes. Foro TV lo anunciaba, le dieron entrada y pasaron a un plano solitario del Patio de Honor de Palacio Nacional, allí donde la patria juarista fue bautizada a la masonería. Llegó el presidente, ceremonia solemne sin aplausos ni aplaudidores, la pandemia de contagio nos tiene aislados. Una mujer militar guió los pasos presidenciales. Lo llevó hasta donde firmes escuchó y vio la ceremonia de la Bandera y el Himno Nacional, que no entonó al principio pero sí al final. Para muchos fue una mañanera llevada a la solemnidad.  En casi una hora, el jefe del Ejecutivo planteó lo planteable. Habló de todo lo que repite en las mañanas, y solo dos o tres nuevas: No habrá aguinaldo para algunos y recortes a los sueldos altos. No habrá gasolinazo, etcétera, etcétera, los empresarios del CCE quedaron mudos, nada para ellos, nada para las empresas que comienzan a cerrar y dejar a los empleados en la calle, muchas sin sueldos, algunas si, pagándoles cómo puedan. Ese rescate presidencial lo esperaban. Mencionó el presidente a tres personajes. El Roosevelt de la Depresión de 1929; el papá de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el gran Simón Bolívar, que este par de patanes se lo han apoderado, como si fuera naturaleza de ellos y a Benito Juárez. Esos tres personajes pasaron por la cabeza presidencial, porque habían luchado contra los infortunios, políticos o económicos y habían salido triunfantes. En momentos que hospitales no tienen cubrebocas y los médicos mexicanos piden siquiera estar bien cubiertos.

NO ERA UN DOMINGO CUALQUIERA

No era un domingo cualquiera. Era un Domingo de Ramos, cuando se celebra que el Patrón entró a Jerusalén. Y los templos vacíos, con puertas cerradas en plena Semana Santa. Al término de ese Informe, los tuiteros críticos fueron lapidarios. Decepcionó, decían los titulares de los diarios. Poco después me fui al tuiter, donde se dan las grandes batallas por la patria. Demoledor, Carlos Loret de Mola: “Para el reto más gigantesco, la versión más chiquita del presidente”. El CCE no se atrevió a romper, hizo circular un desplegado muy tibio, o sea, te  medio critico pero sigo siendo tu aliado. Con estos empresarios cupulares, para qué se necesita la oposición. Valeria Moy, de Observatorio Ciudadano: “Un recuento de cosas y lugares comunes, como el que hemos oído mil veces”. Mientras el dólar, al ver las reacciones, se iba a 25.25, donde la economía reacciona con miedo. Una de gran valor, Julio Frenk, el médico que vivió una pandemia mexicana, fue lapidario: “En este momento estamos viviendo las consecuencias del menosprecio de la ciencia por líderes populistas”. El espíritu de Hugo Chávez se aireaba en Palacio. Lapidarios, la gran mayoría. No le dieron cuartel al presidente en los tuiters. Consulta Mitofsky anunció poco después, que la popularidad del presidente iba cuesta abajo, como el tango: Cuesta abajo es mi rodada…, 1.5 puntos en lo que va del mes, llegando a 47.7%. Gobernar desgasta. Aguilar Camín: “Tantos palitos aquí, tantas becas allá, tantos caminos acullá, tantos créditos, tantas sumas que no suman y el mensaje toral de que México saldrá adelante porque México es más grande que sus problemas. Aquí no ha pasado nada”. Al término, después de anunciar que pasando este lio virulento, convocaría a la Plaza de la Constitución a darnos abrazos y más abrazos, con el grito de Viva México. Así terminó este domingo, que no era un domingo cualquiera. Aporreando al presidente.
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