ACERTIJOS

Gilberto Haaz Diez

*Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin. Rabindranath Tagore. Camelot.

LA MUERTE DE RUIZ ESPARZA

Murió el exsecretario de Comunicaciones de Peña Nieto. Al morir Ruíz Esparza (1949-2020), unos cuatro lectores me enviaron la información, como si fuera familiar mío, era porque lo combatí durante los tres últimos años de su cargo, donde proliferó la corrupción, sin embargo, en mi Facebook le di bien su despedida, deseándole que descansara en paz. Quien reapareció en el tuiter, donde anda escondido desde hace un buen tiempo que los sabuesos de Bakersville (entre ellos el de la Unidad Financiera, Santiago Nieto) lo andan correteando, era mi Lord Enrique Peña Nieto. Tuiteo el expresidente dando la información, que ni siquiera se atrevió el otro pillo con cara buena de nenorro, del grupo Atracomucho, el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo. Peña lo llamó: “Un gran ser humano y servidor público de excelencia, y le deseo descansara en paz”. Lo bueno del tuiter, es que uno pica el comentario y comienzas a ver la sarta de ataques que te llegan, la mitad de ellos eran para decirle que lo extrañaban; otra parte lo culpaba por haber pactado y dejado en la presidencia a AMLO, y una última le conminaba a que fuera a acompañar al fallecido, donde generaron gran corrupción. Se fue Ruiz Esparza y no pagó en la tierra lo que debía, como le escribió Ma Elena Pérez: “Que Dios lo tenga a buen recaudo, iban por el @EPN. Ya entregará cuentas al creador y se encontrará con los que murieron en el socavón. Muchos lo recordaremos cada vez que transitemos las carreteras de paga y ese proyecto de infraestructura que impulsó y participó”, las eses llevaban signos de pesos. Atosigado y temeroso por la persecución, quizá la presión arterial y saberse perseguido o en la cárcel, le originó el derrame cerebral que lo mató, a ese hombre que la revista Proceso llamó: “Esteta de la corrupción”. Bueno, pues que descanse en paz.

CERO APOYOS A EMPRESAS

Cuando la crisis llega, la económica, cuando la empresa cervecera de Orizaba, la que era de indios y ahora es de holandeses, la Heineken, anuncia que cierra sus puertas un mes y eso originó que los ‘chupamaros’ de la zona vaciaran las estanterías de los supermercados, porque la pandemia sin chela no es paraíso, y estar encerrados un mes sin la caguama o la Sol, pues no, eso sí que no. Cerró Plaza Valle y solo en esa zona está abierto Walmart. El presidente de Antad, la asociación de tiendas de auto servicios, juró y perjuro que no habrá desabastecimiento, que se surtirán a todas las tiendas. Y los empresarios, lo mismo los nacionales que los de Veracruz, se desilusionaron que el presidente AMLO y el gobernador que pierde los textos a media lectura, Cuitláhuac García, pues les mandaron decir que si saben contar no cuenten con ellos, y que se las averigüen cómo puedan. Hay casos ya de empresas que están cerrando y enviando a sus empleados a casa con el 50% del salario, y muchos la van a pasar fea. El presidente ha pedido, como pastor desde el pulpito, o ‘estimado Hermano en Cristo’, como le escribió la mamá del Chapo, que ayuden a sus trabajadores, que  les paguen cómo puedan, pero que les paguen su salario completo, un mes o mes y medio no los hará más pobres. Debió el gobierno incentivar para que los impuestos se trasladaran a unos dos meses, que los impuestos todos se pospongan, a qué se pagara sí, pero en plazos, pero cómo él anda urgido para sus programas sociales, dijo que nones. No sabe el tamaño de la crisis que le espera. Va a terminar, después de esta pandemia, como el presidente con menos aceptación, y va a superar a los corruptos, ya lo verán. Por no tener tamaños de presidente para enfrentar esta crisis. Tiene el barco, pero no tiene el timón y el viento viene en contra.
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