ACERTIJOS

*De Cicerone: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”. Camelot.

 

EBRARD Y LA SHEINMBAUM

 

Agosto pasó muy rápido, tan rápido como la fuga de Anaya, que huyó como Speddy González, ante la amenaza del Supremo Gobierno de entambarlo como a la Chayo Robles. O como a Rogelio Franco Castán, otro preso político en Veracruz, según sus colegas del PRD. El presidente AMLO tiene una hoja de ruta para dos de sus candidatos a la presidencia. Solo hay dos, no se hagan bolas como dijo el ínclito, y no habrá ni uno más, con todo y que Monreal coqueteé y el nuevo secretario de Gobernación, los columnistas nacionales lo impulsen como invitado al banquete. No le interesa, dijo. Ebrard tuvo una semana de gloria. La periodista Lourdes Mendoza, de El Financiero, da cuenta que Ebrard tuvo tarde de toros con orejas y rabos, cuando asiló a afganos, mujeres que eran perseguidas y a más de 120 periodistas corresponsales de The New York Times, cosa que el periódico le reconoció y alabó al gobierno de AMLO, el único halago que han tenido en ese diario. Más tarde, el buen Marcelo reunió en un desayuno en Relaciones Exteriores a 100 picudos para agradecer el apoyo a las vacunas del Covid y su emergencia. Pero no eran cualquier clase de picudos. Vean la lista: Carlos Slim Domit, de América Móvil y Carso, Emilio Azcárraga de Televisa-Univisión; Olegario Vázquez Aldir, de Grupo Imagen; Antonio del Valle del Consejo de Hombres de Negocios, donde habitan los de Forbes; Alejandro Bailleres del Grupo Bal, los de la Garza de Monterrey y Francisco González de Grupo Multimedios. Esa lista no la junta ni Obama. Para el sector empresarial, sin duda, Marcelo es mejor baraja que la Sheinbaum, aunque, como dijera aquel refrán: En cada mesa de póquer hay un tonto, y si no sabes quién es eres tú. Para equilibrar el marcador de la semana, el presidente invitó a su consentida, la jefa de Gobierno Sheinbaum a una gira a Chiapas, dizque a algo de reconstrucción.

Cierren las puertas.

 

ESAS ESTATUAS BELLAS PARISINAS

 

Aún sigue faltando la estatua de Cristóbal Colón, en Reforma de CDMX, que la jefa de gobierno dizque la llevó a darle una manita de gato, pero fue cuando su jefe, el presidente AMLO se fue contra los conquistadores y los descubridores. Esa estatua parisina, hecha con manos de un arquitecto en años pasados del maximiliato. Víspera de un 12 de octubre, presente lo tengo yo, y para que no hubiera homenajes ni protestas de los hunos ni de los hotros, por parafrasear a Unamuno, y con la tendencia del jefe máximo que los descubridores eran unos canallas, la jefa de Gobierno la mandó retirar, llamó a los del INAH y con la consigna de que la iban a rehabilitar, en una operación que costo más de 260 mil pesos, solo moverla, la enviaron a una bodega y ahí duerme el sueño de los justos, o de los injustos. Es la moda echar todo atrás. El pasado hay que medirlo según la óptica del gobierno que llega, aquí han tratado de cambiar nombre a las cosas históricas, del Árbol de la Noche Triste ahora no se llama así, ahora es Árbol de la Noche Victoriosa, aunque Hernán Cortés haya derramado unas lágrimas de cocodrilo. Cuando acabe este gobierno a lo mejor llega otro que le devuelva sus nombres y las nomenclaturas, porque la Sheinbaum podrá cambiar los nombres, pero no podrá cambiar la historia, porque la historia, decía Eliseo Alberto, es una gata que siempre cae de pie. O como dijera Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. El Monumento tiene 15 metros de altura, y se ve Colón con una mano en alto señalando el horizonte y con la otra levantando un velo que descubre al mundo. Abajo, cuatro frailes. Si no la quiere, que nos la envíen a Orizaba, aquí tenemos una calle Colón y, además, un orizabeño de la familia Escandón, Antonio, fue quien puso la lana y donó la estatua que llegó desde Paris, encargada por Maximiliano de Habsburgo. Es bellísima, una pena de la Sheinbaum.

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