ACERTIJOS

Glberto Haaz Diez

*De Juan Villoro: “Encerrar al ser humano le ha devuelto un poco de esplendor a la Naturaleza”. Camelot.

EL FAUNITO Y EL INECOL (HOSPITAL)

Estuve en El Faunito, el exrancho o finca campestre del exgobernador  JDO, la única vez que lo visité fue cuando el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, que lo había expropiado, en un acto protocolario a fines de su gobierno entregó al Instituto Nacional de Ecología (INECOL), para que se pusiera al servicio de la ciencia. Ahora leo en El Universal que el gobierno de Veracruz lo pidió prestado para transformarlo en un hospital para atacar al Covid19. Bien por eso, de algo servirá esa mansión de campo, que el instituto de ciencia no había podido echar a andar, porque al llegar el gobierno de la 4T todo se les derrumbó en lo económico. Esa vez, recuerdo que lo caminé, me fui a los prados donde hay un buen riachuelo con agua fresca y limpia, por las noches deben salir los mapaches y las culebras, rememorando el libro Pedro Páramo de Juan Rulfo: “Y había visto también el vuelo de las palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños revoloteaban y parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer”. Grandes paisajes, todo verde, los verdes multicolores que ustedes se imaginen. Es zona privilegiada. Abundan en ese sitio selvático algunos tipos de animales. Algún tiempo de hace algunos años, el Tigre Emilio Azcárraga tenía una finca campestre muy parecida a este Faunito, se los prestaba a los padres para que vinieran a hacer sus días de guardar y sus meditaciones.  Leo que El Faunito tiene 60 mil metros cuadrados y unas 15 habitaciones con una capilla para rezos y otras habitaciones que eran de juego y ahora servirán para atender pacientes. Es un lugar paradisiaco, en el camino de Orizaba a Córdoba, en Fortín de las Flores, donde hay barrancas bellas y una vegetación donde solo falta verse colgar de las lianas al Tarzán de Johnny Weismuller, y a Chita y, lógico, acompañados de la fiel Jane.

CUANDO LOS DIOSES SE VISTEN DE BATA

Quizá nunca lo sabremos, si la infección mundial llegó y nació porque un chino hambriento se tragó un murciélago infectado, platillo que ellos utilizan y comen como si fuera una paella valenciana o un plato de arroz con frijoles a la mexicana o unas garnachas orizabeñas de Salomé, o quizá salió de algún laboratorio, como acusan expertos científicos, que se les escapó y cuando se dieron cuenta ya andaba haciendo maldades, en Whan, según esto un empleado se contagió en el laboratorio y a infectar al mundo. No han permitido los chinos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) les haga una visita y verifique esos rumores. Los que deben dejar de hacer maldades, y aquellos y aquellas (me afoxé) que hostigan y agreden a los doctores y médicas y enfermeras o camilleros, solo por portar el uniforme de batas que ellos usan cotidianamente en sus trabajos, deben dejar de agredirlos porque ahora es pena de cárcel. Ellos se visten así, porque los dioses ahora se visten de bata. Y son los héroes en esta pandemia.

KOBE BRYANT TAMBIEN

La exitosa serie El Ultimo Baile (The Last Dance), que exhibe en exclusiva Netflix, que es parte de mi vida, y que cada lunes nos deja ver dos o tres capítulos, acaparó la atención de los amantes del basquetbol. Una recién encuesta marcó a Michael Jordan como el deportista más grande que ha parido la humanidad, arriba de Babe Ruth y de Mohamed Alí y de Pelé. Esta serie, que ha tenido gran éxito, se va a ampliar para llevar ahora al número 24 de los Lakers, el legendario Kobe Bryant, recién fallecido con su hija, Gianna, y otras personas, arriba de un vuelo maldito en helicóptero, dejando en la orfandad a todos sus fanáticos. Hecho muy doloroso, porque Kobe vivía para catapultar la carrera de su hija a las grandes duelas femeninas del basquetbol. La esperamos, sin duda.
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