ACERTIJOS

Gilberto Haaz Diez

*Más vale tarde que nunca, decían las abuelitas. O tarde pero llegué. Camelot 
 
UNA TARDIA FELICITACION 

López Obrador se montó en su macho y felicitó apenas a Joe Biden, cuando quiso o más bien cuando el Colegio Electoral lo designó ganador, con todo y los pataleos y pucheros del racista Donald Trump. No se sabe a ciencia cierta si ese reconocimiento llegó demasiado tarde. Lo sabremos al tiempo, cuando los demócratas aprieten las tuercas y nuestro país comience a ver si seguiremos siendo los Buenos Vecinos, o solo Vecinos a secas. El empecinamiento presidencial denotó una gran falta de sensibilidad política, con todo y que los conocedores de las relaciones diplomáticas, entre ellos el secretario Marcelo Ebrard y la Embajadora en EEUU, Martha Bárcena, le urgían al presidente AMLO a que levantara el teléfono y le felicitara. No quiso el hombre, empecinado en sus caprichos. Recordé que cuando los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y la caída de las Torres Gemelas, George W. Bush estaba al otro día entre los escombros y ayudando a la población. Le llegaban todos los mandatarios del mundo, la solidaridad contra el terrorismo era necesaria. Uno de los últimos que se retrasó con llegar, con todo y que éramos vecinos cercanos y un vuelo de México a Nueva York solo demoraba cuatro horas, fue el vaquero con botas, Vicente Fox. Cuando George W. Bush le vio llegar, le dijo: “Vaya, te demoraste en llegar”.
 
AQUEL PADRE KENNEDY 

Si algún padre en la vida sufrió de una pérdida terrible, lo fue Joseph Kennedy, el patriarca del clan, que vio perder a tres de sus hijos varones y una mujer, dos en la Segunda Guerra Mundial, cuando ya terminaba la Guerra y como era piloto, la Aviación pidió a un voluntario para ir a realizar una prueba de un traslado de una bomba. Joseph Kennedy, que era a quien el padre tenía preparado como el primer candidato a la presidencia de Estados Unidos, se ofreció como voluntario y el avión estalló en los aires. Jamás se supo de él. No se encontraron sus restos. Su nombre se encuentra en las Tablas de los Desaparecidos en el Cementerio y Memorial Americano de Cambridge, un cementerio y una capilla cerca de la aldea de Madingley en Cambridgeshire, Gran Bretaña, que conmemora a los soldados estadounidenses que murieron en la Segunda Guerra Mundial. Luego cayó en accidente de avión su hija, Kathleen Agnes Kennedy, quien prestaba en Inglaterra servicio de enfermería con la Cruz Roja; el padre vio también la dolorosa pérdida de su hijo presidente, en Dallas, Texas, y poco después el otro que iba a suplirlo en esa presidencia, Bobby Kennedy, baleado por un loco. El viejo Joe, en una carta a un amigo escribió alguna vez: «Cuando uno de tus seres queridos desaparece de tu vida, piensas en qué podría haber hecho con unos años más… Y te preguntas qué vas a hacer tú con los años que te quedan. Entonces, un día, porque hay un mundo en el que vivir, te das cuenta de que eres parte de él e intentas lograr algo… algo que esa persona no tuvo el tiempo suficiente para hacer. Y quizá eso es lo que está detrás de todo».

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